El Estado de México no suele aparecer en las postales del futbol global. Pero sí tiene algo muy valioso: futbolistas que han vivido el sueño mundialista. Muchos. De barrio, de calle, de canchas duras, donde el futbol no es espectáculo: es salida.

De ahí han surgido jugadores que lograron romper la lógica y llegar al escenario más alto: el Mundial.

El nombre que abre cualquier conversación es el de Claudio Suárez, originario de Texcoco. Defensor histórico, líder de una generación y símbolo de constancia. Disputó tres Copas del Mundo: Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002. Suárez no solo participó: sostuvo procesos completos de la Selección Mexicana y es referencia histórica, junto a defensores como Rafael Márquez.

En ese mismo ciclo aparece Luis García Postigo, figura ofensiva en Estados Unidos 1994, recordado por su capacidad goleadora y por ser parte de una generación que consolidó a México como presencia constante y animadora en Mundiales.

También está Marcelino Bernal, centrocampista nayarita que siendo figura del Club Deportivo Toluca, participó en Estados Unidos 1994, anotando un gol clave contra Italia, que valió a México el primer lugar de grupo y la tristeza italiana, al sentirse eliminados, aunque a la postre fueron subcampeones.

En ese mismo Mundial de 1994 aparece Jorge Rodríguez, jugador formado en el entorno mexiquense, integrante del plantel que representó a México, cuya presencia forma parte de esa generación que sostuvo el inicio de la regularidad tricolor en las Copas del Mundo. Fue de los que fallaron en la tanda de penales contra Bulgaria, que marcó la despedida de la escuadra nacional.

Más adelante surge Edson Álvarez, nacido en Tlalnepantla, mundialista en Rusia 2018 y Catar 2022. Su caso representa la nueva ruta: del Estado de México a Europa sin escalas, convertido en referente del mediocampo nacional.

Y junto a él, Alexis Vega, formado en el entorno mexiquense y protagonista en la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022, donde su desequilibrio ofensivo lo colocó como una de las principales cartas del ataque mexicano.

A ellos se suma Antonio Naelson Sinha, el brasileño nacionalizado mexicano, figura del Estadio Nemesio Diez y mundialista en Alemania 2006, en una de las selecciones que mejor desempeño han tenido, aunque también cayeron antes del quinto partido.

No obstante, la gran figura mexiquense, El Diablo Mayor, Vicente Pereda, nunca pudo jugar un Mundial, a pesar de que para 1970 vivía su mejor época, siendo

Campeón de Goleo. Sus diferencias con el técnico nacional, Raúl Cárdenas, lo alejaron de la justa mundialista.

El común denominador de todos estos futbolistas no es solo el talento. Es el contexto.

El Estado de México es una de las zonas más pobladas del país, con una cantera enorme que crece entre ligas locales, canchas improvisadas y visorias limitadas. Un ecosistema donde el talento existe, pero no siempre encuentra estructura.

Por eso, cada vez que uno de ellos llega a un Mundial, no es un caso aislado: es una excepción que carga a miles detrás.

Rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, habrá que estar atentos para saber quiénes son los mexiquenses que inscribirán su nombre en la historia del campeonato.

La historia tiene pocos, pero en todo el mundo es de poco el sueño mundialista. Y ahí, está presente el Edomex.

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