El Congreso mexiquense abrió esta semana su último periodo ordinario de sesiones. No es un trámite más. Es el momento en que la política estatal entra en una etapa decisiva, justo cuando el sexenio de Delfina Gómez llega a la mitad de su recorrido y comienzan los preparativos para la renovación de la gubernatura.

La paradoja es evidente: el calendario avanza con precisión, pero las certezas políticas todavía escasean. En el Estado de México no terminan de asentarse los equilibrios y sigue sin estar claro cuál será la formación definitiva que acompañará a la gobernadora durante la segunda mitad de su administración.

Y es que el poder no se sostiene solamente con resultados; también requiere una estructura política capaz de defenderlos, traducirlos en acuerdos y enfrentar el desgaste natural de un gobierno.

Además, las elecciones intermedias serán el primer gran examen. No sólo estarán en juego diputaciones y ayuntamientos. También se medirá la capacidad de Morena para conservar territorio, ordenar sus grupos y demostrar que el proyecto que llevó a Delfina Gómez al Palacio de Gobierno mantiene músculo electoral.

Después vendrá lo verdaderamente delicado: la definición de candidaturas. Cuando comiencen a aparecer nombres, alianzas y bloques, muchas dudas encontrarán respuesta. La sucesión no se construye de un día para otro; se cocina con anticipación, y en la política mexiquense cada movimiento suele tener una lectura que rebasa el cargo inmediato.

La verdad es que el gobierno estatal necesita terminar de asentarse. No puede permitir que la lógica sucesoria absorba la agenda pública, pero tampoco sería sensato ignorar que la carrera política ya está tomando forma.

El reto será gobernar con eficacia mientras se construye cohesión, evitar fracturas internas y conservar una mayoría social que permita llegar al cierre del sexenio con autoridad.

El hecho de que Delfina Gómez sea la primera mujer en gobernar el Estado de México y que su administración se presente bajo una bandera de izquierda eleva la exigencia. El simbolismo histórico no alcanza. Se necesitarán resultados visibles, instituciones que funcionen, capacidad de gestión y una obra política sólida.

Por eso este último periodo legislativo es mucho más que una agenda de iniciativas. Es una prueba de músculo para el oficialismo. Cada voto cuenta. Cada nombramiento pesa. Cada silencio también comunica.

Este puede ser el momento interesante del gobierno de Delfina Gómez. El tiempo de las indefiniciones se acorta y la sucesión comienza a tocar la puerta. La gobernadora todavía tiene margen para construir un cierre espectacular, pero ya no para improvisar. En el Estado de México, la recta final comenzó antes de que muchos estuvieran preparados. La ciudadanía observará si la transformación produce resultados y si el bloque llega hoy unido a la sucesión.

La última trinchera

La oposición tiene en este último tramo de la legislatura la oportunidad de hacerse presente, luego de una ausencia prolongada y silenciosa.

Este es momento de definiciones y de definir alianzas para el próximo camino electoral que habrá que emprender.

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