La ausencia y los recuerdos se conjugan en pasado. Cuando alguien muere, y ya no está entre nosotros, empleamos verbos (en pasado) que nos ayudan a situar, describir acciones o estados de momentos previos o anteriores al momento del habla, es decir, cuando ese alguien, aún estaba vivo.
En oposición, vivir, estar vivo, es hablar del presente y, ese simple hecho, nos permite ganarle al olvido. Los recuerdos (esas imágenes mentales, anécdotas, sucesos, experiencias, objetos) nos permiten evocar el pasado, rescatarlo y traerlo al ahora. Y, en estas fechas en especial, recordamos con más cariño y nostalgia a aquellos que ya no están entre nosotros. (Iba a usar la frase "con nosotros" pero creo que siempre están en nuestra mente y nuestros corazones, por lo que "entre nosotros" me parece más efectivo al momento de ubicar a alguien en un espacio físico).
A lo largo de la historia, la literatura ha sido un puente entre memoria y olvido y una fuente ejemplar para darle forma al dolor, expresado en palabras. Por ello quiero recomendarles algunos libracos donde la muerte es el tema y el pretexto perfecto para hacer frente a la ausencia.
Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez. La autora argentina, experta en evocar el terror en sus obras, nos deja una serie de diecisiete crónicas sobre sus visitas a cementerios de diversas partes del mundo para conocer y describir lo que habita en estas últimas moradas.
Las intermitencias de la muerte de José Saramago. Un libro impresionante donde se narra qué pasaría si un buen día la muerte decide suspender su trabajo y, entonces, la gente deja de morir. Lo edita Alfaguara, al igual que toda la obra del escritor portugués.
La invención de la soledad de Paul Auster. Una reflexión acerca de la paternidad y la orfandad, desencadenada a partir de la muerte de su padre una mañana de enero de 1979. Chulada de libraco que pueden encontrar en Anagrama.
El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. El 25 de agosto de 1987 Héctor Abad Gómez, médico y activista colombiano en pro de los derechos humanos, es asesinado en Medellín. A partir de la muerte de su padre, Héctor Abad crea una biografía novelada. Se editó en Alfaguara y también hay película, dirigida en 2020, por Fernando Trueba.
Vivir con nuestros muertos de Delphine Horvilleur. Escrito por una rabina francesa, periodista de formación, el libraco se construye con experiencias que entrelazan a vivos y muertos. Es, dicen desde la editorial, un tratado de consuelo. Lo encuentran en Libros del Asteroide.
Quedan en la lista otros libros que no quiero dejar de mencionar: Mientras agonizo de William Faulkner; Canción de Tumba de Julián Herbert; El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza; El paseante de cadáveres de Liao Yiwu (la crónica que le da nombre al libro); Nostalgia de la muerte de Xavier Villaurrutia; La Casa de Paco Roca; La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.
A lo largo y ancho de nuestro país, el Día de Muertos es una fecha especial de celebración en la que se entrelazan diversas tradiciones y festividades (que varían, dependiendo de la región o estado) pero que confluyen en torno a honrar, recordar y recibir a nuestros seres queridos que se nos adelantaron en el camino.
Que estos días privilegien el recuerdo de nuestros difuntos. Celebremos la memoria y el recuerdo sobre el olvido que, al final, todos seremos polvo.
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