El Mundial de Futbol llegó y, con él, una realidad que muchos prefieren callar. Durante los partidos con las selecciones de los países más poderosos hablando de futbol, las actividades públicas lo van a resentir. Oficinas gubernamentales, como escuelas y quizá hasta trámites ciudadanos vivirán días de ausentismo, distracción y baja productividad. No se puede tapar el sol con un dedo.

La pasión por el futbol, para bien o para mal, se impondrá al reloj checador, al escritorio y hasta a los salones de clases. Por eso, más que prohibir, porque pocos serán responsables, se requiere una estrategia práctica. El gobierno y las autoridades educativas deben entender que el balón va a rodar, pero las clases no los servicios públicos van a parar.

La opción, como ya se ha hecho en algunos casos, sería permitir pantallas en áreas comunes, con horarios controlados y supervisión directa de mandos medios y de maestros en caso de las escuelas. Otra alternativa es el trabajo desde casa en algunos casos, sin convertir el Mundial en pretexto para no cumplir con las responsabilidades.

Los "peros" para disfrutar de los partidos

Pero... sí, hay peros. Quienes quieran poner pantallas gigantes en plazas, explanadas o espacios públicos para ganar simpatías con la gente, deberán revisar bien los permisos de transmisión. No basta con colgar una manta, llevar bocinas y convocar multitudes. Hoy el futbol también se juega en el terreno de los derechos comerciales.

Y ahí está otro problema. El futbol dejó de ser el deporte que llegaba a todos. Pocos pueden ir a los estadios, no todos pueden verlo gratis, y ahora hasta los restaurantes, plazas y municipios deben pensarlo dos veces antes de transmitir un partido. ¿Qué pasó con la FIFA, que convirtió al soccer en un negocio mundial donde hasta la emoción de la afición parece tener dueño?

El secretario de Educación, Miguel Hernández Espejel, tiene una tarea poco o nada sencilla y es evitar que la fiebre mundialista desordene por completo las escuelas, sin ignorar lo que pasa afuera de las aulas.

El Mundial pasará

El Mundial pasará, y dejará un buen sabor de boca, llegue hasta donde llegue la selección mexicana. Los encuentros futbolísticos pueden paralizar calles y oficinas, pero no debe paralizar al gobierno ni a la educación. La gente va a celebrar, gritar y apoyar a su equipo, pero quienes tienen una responsabilidad pública deben recordar que, aunque haya partido, México debe avanzar.

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