México es surrealista. Vives en un país hermoso, tienes buen clima todo el año, tienes playas envidiables, montañas memoriales y ciudades modernas con rascacielos que te hacen tocar las nubes. No hay duda que el mejor anfitrión de la Copa del Mundo 2026 somos nosotros. Pero los festejos en las calles, el cariño a los extranjeros nos hace campeones del orbe, con todo y todo eh.

Tenemos la fortuna de ser el país de Luis Estrada, Alfonso Cuarón, “el Negro” Iñárritu y Guillermo del Toro, entre otros, porque México es cine, es película, como diría Efraín Juárez. No dejamos de ser surrealistas con los festejos que creamos, los cantos que inventamos, porque el mexicano se burla hasta de la muerte, el mexicano vive, disfruta y presume su idiosincrasia.

En los años 30 Samuel Ramos planteó el problema de la identidad del mexicano, habló sobre este malinchismo tan famoso que padecemos entre clases. La negación de la mexicanidad en pro, antes de España, después de Francia y ahora de Estados Unidos. Un problema que se discutió por años entre los mayores intelectuales de la época, Carlos Fuentes, Octavio Paz y otros.

Octavio Paz lo volvió a poner sobre la mesa en los años 50 con su famoso “Laberinto de la Soledad”. ¿Por qué el mexicano no tiene identidad? El compatriota va a España y en dos días ya tiene acento español, el argentino pasa 60 años en México y nunca se le quita el voseo, ¿por qué renegamos de nuestras raíces y queremos ser gringos o españoles? Es el día a día de la clase alta.

El mexicano sólo se siente mexicano en septiembre, claro, el mes patrio. Y cuando juega la selección, el equipo de todos, pero sobre todo cuando hay un Mundial. Y mira que tener la Copa del Mundo aquí es como festejar el 15 de septiembre todos los días durante un mes y mucho más cuando juega el equipo. La derrama económica que deja es sumamente importante con todo y la FIFA…

¡Felicidad! Cuánta falta le hacía a los mexicanos vivir esto, olvidarse de todo por un momento y disfrutar un poco de la vida. Tú bien lo sabes, tú que sales a trabajar temprano, a veces sin ver la luz del sol aún y regresas hasta tarde a casa, cuando ya el sol se ocultó y hasta la mujer te dejó. Porque el mexicano es trabajador, es el chambitas, pero es el que menos tiempo libre se da para sí mismo.

Quienes entienden al futbol como un ente enajenador, como un canal de coerción y no de cohesión, son críticos con la justa mundialista. Seguro que has escuchado las frases: “Es una distracción de los problemas que tenemos”, “sólo nos quieren distraer”... Claro que hay muchos problemas por resolver, pero ver o no un partido de futbol no cambia la historia, desgraciadamente. Sólo digo que el mexicano necesita felicidad, celebrar (ojalá no fuera en exceso), creer, sentir, vivir y sí: olvidarse un rato de todos los problemas diarios que tenemos. ¡Es cine, es película!

P.D. ¡Viva México, cabrones! Que la pelota rueda para unir a un país que se ha polarizado políticamente, pero que es muy chingón.

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