En México hemos normalizado discursos, promesas y estrategias que muchas veces se quedan únicamente en la superficie. Porque una cosa es la política y otra muy diferente es hacer política. Hacer política implica responsabilidad, sensibilidad social y la capacidad de actuar frente a las crisis que están lastimando profundamente a nuestro país.
Hoy México enfrenta una de las olas de violencia más dolorosas de su historia, especialmente contra las mujeres y las niñas. Vivimos en un contexto donde salir a las calles ya representa un riesgo, donde tomar transporte público genera miedo, donde incluso subir una fotografía a redes sociales puede convertirse en una amenaza. Las aulas, los espacios laborales y los entornos cotidianos también han dejado de sentirse completamente seguros para miles de mujeres.
La desaparición de mujeres en México no puede seguir tratándose como una cifra más. Detrás de cada caso hay familias destruidas, madres buscadoras que han tenido que convertirse en investigadoras, defensoras y voces de resistencia ante la indiferencia institucional. Muchas veces, quienes deberían ser escuchadas son ignoradas, mientras los problemas se cubren entre discursos y estrategias mediáticas que no solucionan la raíz de esta crisis.
Por ello, este es un llamado a las instituciones autónomas, a los organismos defensores de derechos humanos y también a instancias internacionales como la Organización de las Naciones Unidas. Pedir apoyo internacional no significa debilidad; significa reconocer que las y los mexicanos merecen vivir con seguridad y dignidad. Cuando un país atraviesa una crisis humanitaria de esta magnitud, la cooperación internacional puede convertirse en una herramienta necesaria para proteger vidas.
México es un país inmensamente rico en cultura, talento, historia y capacidad económica. Somos una nación fuerte, resiliente y llena de personas extraordinarias. Sin embargo, esa grandeza se está viendo opacada por la inseguridad, la impunidad y los intereses personales de quienes han olvidado que gobernar es servir.
No se trata de señalar a México como un país incapaz, sino de asumir con valentía que los problemas deben enfrentarse con acciones reales. Y si para resolverlos es necesario construir alianzas internacionales, escuchar nuevas estrategias o aceptar apoyo externo, también debe hacerse por el bienestar de nuestra gente.
Porque mientras muchos viven protegidos desde sus espacios de poder, son las mujeres quienes siguen enfrentando con mayor intensidad esta ola de violencia y delincuencia. Y no podemos seguir permitiendo que el miedo se convierta en parte de nuestra rutina.
Hoy más que nunca necesitamos una política con humanidad, con conciencia y con verdadera responsabilidad social. Porque hacer política no debería ser administrar el poder, sino proteger la vida.
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