La dirigencia nacional de Morena quiso convertir Chihuahua en un escenario de fuerza política y terminó exhibiendo sus propias debilidades.

La movilización encabezada por Andrés “Andy” López Beltrán y Ariadna Montiel, planteada como una protesta contra la gobernadora María Eugenia Campos Galván, acabó marcada por las acusaciones de acarreo, la escasa respuesta ciudadana y una evidente incapacidad para manejar el desgaste público cuando el aplauso no llega.

Camiones trasladando simpatizantes, operadores tratando de llenar espacios vacíos y militantes cuestionando en voz baja por qué un movimiento que nació denunciando las viejas prácticas terminó recurriendo a ellas.

Y es que la promesa de hacer política distinta pierde credibilidad cuando se utilizan métodos que durante años fueron criticados al PRI y al PAN.

El fondo del conflicto es delicado. El Comité Ejecutivo Nacional de Morena anunció su intención de promover un juicio político contra Maru Campos después del operativo realizado el 19 de abril en la Sierra Tarahumara, donde murieron dos agentes de la CIA y dos mexicanos. El caso abrió una discusión sobre soberanía nacional, cooperación internacional y límites de actuación de agentes extranjeros en territorio mexicano.

La Fiscalía General de la República mantiene abierta la investigación sobre la participación de los agentes estadounidenses y la presidenta Claudia Sheinbaum ha pedido que las indagatorias continúen hasta esclarecer responsabilidades.

Sin embargo, mientras el debate exigía prudencia, y coordinación política, Morena decidió convertir la coyuntura en un acto de confrontación partidista.

La verdad es que la estrategia salió mal. No sólo por la poca convocatoria social, sino porque terminó proyectando improvisación y desconexión. Andy López Beltrán, quien ha buscado consolidarse como operador político nacional, mostró dificultades para responder a la presión. Cuando aparecieron los señalamientos de acarreo, la narrativa morenista se descompuso rápidamente y el mensaje central quedó sepultado bajo la percepción de montaje.

Además, quedó expuesta una fractura interna: mientras algunos cuadros insistían en defender la protesta, otros admitían en privado que la movilización nunca generó entusiasmo real entre la población local. Chihuahua no respondió como esperaba la dirigencia y eso revela algo más profundo: Morena empieza a enfrentar el desgaste del poder y la resistencia a los liderazgos heredados.

El problema no es únicamente electoral. También es simbólico. Cada vez que Morena recurre a prácticas del pasado renuncia a la autoridad moral que le permitió crecer. Y cuando sus principales figuras reaccionan con molestia ante la crítica, alimentan la idea de un partido menos tolerante y más parecido a aquello que prometió reemplazar.

La última trinchera

Parece que la secretaria de Desarrollo Económico, Laura González, logrará sacar adelante el proyecto mezcalero mexiquense, que ha sido objeto de jaloneo político algo estéril.

Este fin de semana anunció que ya trabaja con Turismo y la UAEMéx las rutas comerciales-turísticas de flor y mezcal en el sur mexiquense.

Es un buen trabajo en el que Laura González ha invertido mucha energía y que podría dar grandes resultados.

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