La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) generativa está llevando a repensar profundamente la enseñanza. Desde el preescolar hasta los estudios de posgrado, quienes ejercen la docencia enfrentan cambios que impactan en los contenidos, las estrategias de aprendizaje, los materiales utilizados y los sistemas de evaluación. Sin pretender un recuento exhaustivo, planteó algunos desafíos que han comenzado a transformar el oficio de enseñar.

Campo disciplinario y brecha tecnológica. El profesorado normalmente tiene diferentes grados de cercanía con las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y, más recientemente, con el uso de las herramientas desprendidas de la IA. Los sistemas educativos deben reconocer estas diferencias, en tanto la formación disciplinaria puede facilitar los procesos de actualización o convertirse en un factor de resistencia frente al cambio.

Práctica docente. He aquí uno de los núcleos más sensibles ante la presencia de la IA. Su vertiginosa expansión ha generado respuestas y pautas que van desde la incorporación entusiasta, pasando por la burla, hasta el rechazo absoluto. La forma en que cada docente ha realizado su trabajo diario durante semestres, lustros o décadas ha dejado un magma –a veces demasiado solidificado—acerca de lo que considera como la mejor forma de incentivar el aprendizaje.

Hay quienes creen que, si cambian su "método de enseñanza", reflejarán inseguridad o perderán prestigio. Dialogar con otros colegas y leer material reciente e innovador puede abrir algunos caminos para reflexionar sobre estos puntos. Los contenidos seleccionados, las estrategias para incentivar el aprendizaje crítico, ético y autónomo en el estudiantado, los materiales empleados en cada clase, así como el sistema de evaluación --criterios y entregables ponderados-- constituyen los principales aspectos que deberán revisarse para llevar a cabo mejoras sustantivas.

Lo anterior debe llevarse a cabo, si se entiende que la IA llegó para quedarse y que se requiere una respuesta contingente, adaptativa y crítica ante lo que ahora constituye una nueva cognosfera desde la cual se puede promover el aprendizaje. Por ende, aquello de esperar cinco años o más para revisar contenidos, estrategias, materiales y sistemas de evaluación ha quedado para las crónicas de la historia curricular. En estos componentes, la revisión tendrá que ser semestral, annual o, a lo sumo, bienal.

Visión institucional e inversión. Si el gobierno federal y los estatales, junto con las autoridades que dirigen instituciones educativas públicas y privadas, perciben que estamos ante un claro parteaguas impulsado por la cuarta revolución tecnológica, tendrían que realizar una inversión considerablemente mayor. Los nuevos modelos educativos necesitan recursos humanos especializados, infraestructura tecnológica, formación permanente y acceso institucional a las distintas herramientas de la IA. Sin inversión sostenida, cualquier discurso sobre innovación educativa tiene el riesgo de convertirse en voluntarismo o demagogia.

Quienes enseñan seguirán siendo esenciales para preservar nuestra historia y legado cultural. El punto central no radica en una sorda o apocalíptica competencia entre los seres humanos y las máquinas, ni en la prohibición de la IA. Hollywood se ha encargado de propagar esos escenarios a través de sus filmes. La columna vertebral tiene y tendrá que ver con promover la formación de docentes que sean capaces de aprovechar críticamente las TIC y la IA para realizar algo que ninguna tecnología debería sustituir: acompañar a las nuevas generaciones en el complejo oficio de vivir y de aprender a pensar.

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