Hoy conmemoramos el Día Mundial del Turismo, una fecha que reconoce la importancia económica, social y cultural de una actividad que permite conocer otros territorios y acercarnos a paisajes que, de otra manera, quizá permanecerían distantes.

Sin embargo, cuando el destino es una montaña surge una pregunta que pocas veces nos planteamos: ¿cuántas personas puede recibir sin sufrir daños ecológicos?

Las montañas no son escenarios inagotables. Son ecosistemas frágiles y, al mismo tiempo, hogar de comunidades que dependen de sus recursos naturales. El turismo puede generar ingresos y oportunidades para esas poblaciones, pero también puede ejercer presión sobre territorios con límites ambientales.

Recordemos que, tras el confinamiento impuesto por la pandemia de Covid-19, las actividades al aire libre y la visita a entornos naturales adquirieron mayor relevancia. Nuestros patrones de ocio se modificaron.

Después de meses de encierro, los parques, bosques, reservas y otros espacios abiertos dejaron de ser solamente una alternativa de esparcimiento para muchas personas y cobraron una nueva dimensión, vinculada con el bienestar y la necesidad de recuperar el contacto con la naturaleza.

La industria turística identificó esa transformación en la demanda y comenzó a desarrollar productos y experiencias al aire libre. El montañismo y las actividades afines no fueron la excepción.

Un informe elaborado por la FAO, ONU Turismo y la Alianza para las Montañas estimó que el turismo de montaña representó entre 9 y 16 por ciento de las llegadas internacionales en 2019. El mismo documento señaló que medir el volumen de visitantes es el primer paso para conocer sus impactos, gestionar sus flujos y planificar de manera sostenible.

En México tenemos un ejemplo cercano. El Área de Protección de Flora y Fauna Nevado de Toluca alberga importantes ecosistemas de montaña y también es un destino de turismo de naturaleza. En agosto de 2025, tras la volcadura de una camioneta que transportaba paseantes, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas determinó el cierre indefinido.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Seguridad mexiquense, durante enero de 2025, el Xinantécatl registró la visita de 140 mil personas y el ingreso de poco más de 22 mil automotores. Esa afluencia da una idea de la presión que puede recibir el área protegida durante la temporada invernal.

La pregunta tampoco es nueva. En 2015, la Universidad Autónoma del Estado de México publicó una tesis dedicada específicamente a la capacidad de carga turística del Nevado de Toluca, lo que muestra que este tema ya era objeto de estudio académico desde entonces.

Entonces, el debate no consiste en decidir si queremos o no admitir visitantes en las montañas. Se trata de determinar qué tipo de turismo puede recibir cada una de ellas sin poner en riesgo aquello que deseamos conocer, valorar y cuidar.

Brújula. El Manaslu (8,163 m), la octava montaña más alta del mundo ilustra los límites que puede imponer la naturaleza. A mediados de septiembre, 422 montañistas de 35 expediciones habían obtenido permisos para intentar alcanzar la cumbre, un récord para ese momento de la temporada. Sin embargo, las lluvias persistentes, las intensas nevadas y el creciente riesgo de avalanchas obligaron a varios equipos a retirarse antes de lo previsto.

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