El intento del gobierno federal de reducir el calendario escolar no pudo concretarse por presiones políticas y sociales, pero generó una discusión que ha sido aprovechada por la oposición. Pero el exsecretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, aprovechó para hacerlo más intenso. Si bien es claro que aprovechó el momento coyuntural porque vienen las elecciones de 2027, no deja de hacer ver preocupante lo que sucede. Dice que México necesita volver a hablar de educación como un asunto de Estado y no como un tema secundario en la agenda pública.
El diagnóstico que hace el ex integrante del equipo de Enrique Peña Nieto es severo. Sostiene que el país enfrenta un retroceso histórico en materia educativa y que, por primera vez desde la creación de la Secretaría de Educación Pública en 1921, las coberturas escolares disminuyeron en lugar de crecer. Presenta datos sobre preescolar, primaria, secundaria y bachillerato con los que busca sustentar que menos niñas, niños y jóvenes dentro de las aulas significa también más riesgos de abandono, trabajo informal y violencia.
Más allá de la confrontación entre fuerzas políticas
Nuño atribuye buena parte de ese escenario a decisiones tomadas durante los gobiernos de Morena. Comenta la desaparición de Prospera, de las escuelas de tiempo completo, de apoyos para el funcionamiento de los planteles y los cambios en los libros de texto y planes de estudio, además del respaldo presupuestal que se ha bajado a las universidades públicas y del regreso del control sindical sobre diversos procesos de la carrera docente.
De forma natural, esas afirmaciones se transforman en un posicionamiento político y, como tales, pueden ser debatidas. Pero esa, es claro, parece ser la intención del político. El gobierno federal defiende sus propias políticas educativas con sus propios argumentos y sostiene que sus programas buscan garantizar el acceso universal a la educación. Sería bueno hacer una evaluación y que se den las cifras de lo que tienen al momento. Por ello es importante que si hay un verdadero debate al respecto, éste se dé con cifras verificables y evidencia, no sólo con discursos no sustentados de uno u otro lado.
La educación importa a todos
Hay un punto, sin embargo, en el que todos estamos de acuerdo y ese es el que la educación debe ser tema prioritario. Mientras el país concentra su atención en la inseguridad, los problemas económicos y, por supuesto, la disputa electoral rumbo a 2027, miles de escuelas enfrentan rezagos que meten a estudiantes en problemas de aprendizaje que comenzaron con la pandemia y que aún no terminan de revertirse.
Referirse a la educación no es discutir nada más que de calendarios escolares, libros de texto o presupuestos. Es ver más allá, como las oportunidades que deben tener las nuevas generaciones, la competitividad del país frente al mundo y las herramientas para niñas, niños y jóvenes no para el futuro, sino desde ahora.
Ojalá que el tema del calendario escolar sea una anécdota, pero que haya servido para que los gobiernos pongan atención donde se debe.
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