La escena se ve todos los días y en todos lados. Dos sujetos en motocicleta, sin casco, sin placas, con sudadera y rostro cubierto la mayoría de las veces. Se acercan, amenazan, arrebatan un celular, una bolsa, una computadora, lo que puedan, y se van. Nadie los detiene. Nadie los persigue. Los llamados "motorratones" se han convertido en una plaga que crece y las autoridades parecen rebasadas o no están por ningún lado.

¿Qué pasa con las y los presidentes municipales y sus corporaciones de seguridad? La responsabilidad de las y los alcaldes es directa. La prevención del delito en las calles es tarea básica de la policía municipal. Pero la realidad es otra. No hay presencia, no hay reacción, no hay estrategia que dé tranquilidad a la población.

Es común escuchar el argumento de que los detienen y los liberan. Puede ser cierto en algunos casos, pero eso no explica la falta de acciones para proteger a la gente. En varios municipios ni siquiera se ve un esfuerzo claro por frenarlos. Los delincuentes circulan en sus motos sin cumplir la ley más básica y lo hacen con total impunidad. Portan armas, actúan con violencia y operan a plena luz del día sin que nadie los pare.

Casos como Nicolás Romero reflejan un problema más serio. La incidencia delictiva crece y los vídeos de asaltos se vuelven virales una y otra vez. La ciudadanía observa, denuncia y exige. La autoridad, en muchos casos, ni siquiera habla. Esa distancia entre lo que ocurre en la calle y la respuesta oficial genera desconfianza y bastante molestia ciudadana.

No se trata de casos aislados. Estudiantes, amas de casa, comerciantes y trabajadores viven con el riesgo constante, nadie garantiza que no les va a pasar. No importa si van niños. Los motorratones no se tientan el corazón. Cualquiera puede ser víctima. El robo de celulares parece un tema menor, pero representa miedo, pérdida y una sensación de abandono. La gente ya no se siente segura ni en trayectos cortos.

Resulta difícil entender por qué no existe una estrategia clara. Operativos para revisar motocicletas sin placas, vigilancia en zonas con alta incidencia, coordinación con el estado. Las herramientas las hay, pero parecería que hay colusión. Falta voluntad y capacidad para aplicarlas. La omisión también los lleva a ser responsables.

La situación exige una intervención más firme de las autoridades estatales. No se puede permitir que esta delincuencia tenga en jaque a la población. La seguridad es urgente, pero parece que no les importa a los gobiernos municipales. La gente quiere resultados, no excusas. Los motorratones siguen en las calles, libres y cada vez más violentos.

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