Hay algo que está cambiando en México, y no hace falta leer reportes técnicos para notarlo: basta con caminar las calles, abrir los ojos…

El paisaje urbano empieza a reflejar, en los primeros meses del año, el cierre de negocios ha sido constante, locales que durante décadas dieron identidad a colonias, municipios y pueblos hoy desaparecen o se transforman en expendios de mercancía de baja calidad, repetida una y otra vez en cada calle, si no se adquiere aquí hay tres o cuatro iguales más adelante…. La diversidad comercial se diluye; la identidad económica también.

Los números explican parte de la historia. China ya es el segundo socio comercial de México y representa el 20.7 por ciento de las importaciones y no viene solo: Taiwán, por ejemplo, tuvo un crecimiento del 400 por ciento en exportaciones hacia nuestro país en febrero de 2026, alcanzando los 7.5 mil millones de dólares, si a esto sumamos a Japón, Corea y Malasia, Asia ya ocupa un lugar central en lo que consumimos todos los días.

Pero más allá de las cifras, lo importante es lo que esto está provocando.

Hoy, la mayoría de los consumidores toma decisiones basadas en el precio y es entendible, cuando el dinero no alcanza se busca lo más barato, el problema es que ese ahorro inmediato tiene un costo más grande a mediano plazo: menos negocios mexicanos, menos empleos, menos industria.

El riesgo no es importar más. El riesgo es dejar de producir.

Y además, hay otro tema que no se está discutiendo lo suficiente: la calidad y la regulación.

Muchos de estos productos entran al país sin cumplir del todo con las Normas Oficiales Mexicanas, etiquetas incompletas, información poco clara sobre materiales o contenido, e incluso dudas sobre posibles riesgos para la salud.

El consumidor compra sin saber realmente qué está llevando a su casa y de manera simultánea se pierde recaudación fiscal que debería traducirse en servicios públicos.

Esto no es una competencia justa, es una carrera dispareja donde los productores mexicanos tienen que cumplir reglas estrictas, pagar impuestos y garantizar calidad, mientras otros simplemente llegan con precios más bajos.

Y aquí es donde vale la pena voltear a ver lo que ha pasado en otros países, el caso de Costa Rica es una advertencia clara, durante años se apostó por abrir el mercado sin fortalecer al mismo tiempo la producción nacional, el resultado ha sido una economía cada vez más dependiente de las importaciones, con menor capacidad industrial propia y con sectores productivos debilitados, hoy el país enfrenta retos importantes en generación de empleo y crecimiento interno, no es un escenario que México deba normalizar ni repetir.

Porque el punto no es cerrar las puertas al mundo, México necesita el comercio internacional, el punto es no olvidar que también necesitamos producir.

Si dejamos que la balanza se incline demasiado hacia las importaciones, corremos el riesgo de convertirnos en un país que consume todo, pero produce poco y eso tarde o temprano, pasa factura.

Además, hay temas legales que no pueden seguir en segundo plano. Las leyes de importación en México —desde la Ley de Comercio Exterior hasta las regulaciones aduaneras— existen precisamente para evitar abusos y garantizar condiciones equitativas y su aplicación hoy deja muchas dudas.

Alguien está ganando con esta apuesta y no es la mayoría de los ciudadanos.

Lo mismo pasa con las llamadas “Leyes de Banderas” o reglas de origen, que buscan asegurar que los productos realmente cumplan con ciertos estándares y procedencias, si estas normas no se revisan a fondo y no se aplican con rigor, se convierten en letra muerta.

Por eso el llamado es claro: la autoridad tiene que hacer su trabajo.

Fortalecer las aduanas, revisar lo que entra al país, exigir etiquetado claro, garantizar que se cumplan las normas y evitar que la competencia desleal siga creciendo, no se trata de prohibir, se trata de ordenar.

Pero al mismo tiempo hay que generar condiciones para que la industria mexicana pueda competir, crecer y seguir generando empleo.

Porque al final, la pregunta no es si vamos a seguir comprando productos del extranjero, eso ya es una realidad, la verdadera pregunta es si México va a seguir siendo un país que produce… o si poco a poco se va a conformar con solo consumir.

Nos leemos la siguiente.

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