En el béisbol, todo ocurre entre costuras, incluso los errores. Durante más de un siglo, el árbitro detrás del plato es parte del paisaje emocional del juego: autoridad, villano, juez, personaje incómodo y necesario. Sus decisiones han provocado discusiones, expulsiones, reclamos memorables y también injusticias difíciles de olvidar. Ahora, la Liga Mexicana de Béisbol Banorte (LMB) ha decidido dar un paso que puede cambiar la manera en que vemos la zona de strike: la llegada del llamado umpire robot.

A partir de este viernes 22 de mayo, la LMB implementará un sistema automatizado de bolas y strikes en una primera etapa de prueba durante la temporada regular. No será un reto más, ni una revisión opcional como el sistema ABS que ya se ha utilizado en otros circuitos; en los juegos designados, el reto de bolas y strikes quedará suspendido y será la tecnología, mediante Trackman, la que determine cada pitcheo. El cuarto umpire estará en cabina, recibirá la información en tiempo real y se la comunicará por radio al umpire de home, quien seguirá presente en el terreno para cantar la decisión y atender todo lo demás: jugadas en el plato, balks, papeletas, disciplina y dinámica del partido.

Hay un primer punto que conviene aclarar: el umpire no desaparece. Lo que cambia es su papel. Deja de ser el intérprete principal de la zona de strike y se convierte, en esa parte del juego, en portavoz de la tecnología. Eso puede sonar frío, incluso incómodo, pero también responde a una demanda real: mayor justicia deportiva, menos margen de error y menos partidos definidos por una marcación equivocada. La propia liga ha presentado el sistema como un avance hacia decisiones más precisas, y algunos reportes señalan una precisión anunciada cercana al 99.5 por ciento.

Los pros son evidentes. Un sistema automatizado puede reducir reclamos, disminuir injusticias, dar más certeza a pitchers y bateadores, y evitar que una zona de strike cambie de tamaño dependiendo del umpire, la entrada o el momento del juego. En una liga que busca modernizarse, mejorar su espectáculo y consolidarse como producto profesional, esto también manda un mensaje potente: la LMB no quiere quedarse mirando cómo otros innovan, quiere probar el futuro en casa.

Pero los contras también existen, y no deben minimizarse. El béisbol nunca ha sido un deporte de exactitud absoluta; ha sido un juego de interpretación. Parte del arte del catcher era recibir, presentar, convencer. Parte del oficio del pitcher era conocer al umpire, trabajar las esquinas, entender qué lanzamientos podía ganar. Si la zona se vuelve completamente rígida, también cambia una parte cultural del juego. La tecnología puede hacer más justo el béisbol, sí, pero también puede hacerlo un poco más frío.

Además, no toda precisión garantiza una mejor experiencia. En MLB, el sistema ABS de desafíos utiliza una zona rectangular de 17 pulgadas y altura ajustada según el bateador; incluso ahí, la discusión no ha desaparecido del todo, porque hay reclamos cuando un equipo ya no tiene desafíos disponibles o cuando una apelación no se permite por tiempo o forma. La LMB irá más lejos en estas series: no habrá reto, sino decisión automatizada directa. Eso puede ser más limpio, pero también más drástico.

Mi postura es moderada: celebro que la LMB se atreva a innovar, porque el béisbol mexicano necesita mirar hacia adelante, probar, fallar si hace falta y ajustar. Pero también creo que no debemos confundir modernización con deshumanización. El objetivo no debería ser borrar al umpire, sino ayudarlo; no eliminar la conversación del juego, sino evitar que el error la secuestre.

Entre costuras, el umpire robot no viene a resolver todos los problemas del béisbol, pero sí viene a hacernos una pregunta importante: ¿queremos un juego más justo, aunque sea menos imperfecto? La respuesta, quizá, no está en rechazar la tecnología ni en abrazarla sin crítica, sino en entender que el futuro del béisbol no debe elegir entre tradición y precisión. Debe aprender a hacerlas convivir.

Porque el béisbol también cambia. Y esta vez, el cambio no viene desde el dugout ni desde el bullpen, sino desde una cabina, una radio y una zona de strike que ya no dependerá solo del ojo humano.

@elbarbondelbeisbol

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