Hace tres décadas, nuestro país se recuperaba de una crisis económica y el despertar del Popocatépetl dejaba al descubierto nuestro rezago en materia de protección civil. Al mismo tiempo, en el resto del mundo la irrupción del internet y expansión de la globalización transformaban no solo las economías, sino también las prácticas culturales y deportivas.
Las competencias y torneos internacionales comenzaban a subordinarse cada vez más al interés comercial. Bajo el impulso de las audiencias globales, los patrocinios y derechos de transmisión, Estados Unidos organizó su primer Mundial de Futbol en 1994 y, apenas dos años después, le arrebató a la ciudad de Atenas la sede de los Juegos Olímpicos del Centenario.
Aún se recuerda a la Selección Nacional de Futbol que regresaba a las justas mundialistas después del escándalo de los cachirules en 1990; equipo que, a la postre, sería eliminado en los octavos de final. Algo similar ocurrió con la delegación que nos representó en las Olimpiadas de Atlanta 1996 y que regresó únicamente con una medalla de bronce colgada al cuello.
En contraste, lejos del ruido mediático, en mayo de 1996 el mexicano Carlos Carsolio (Ciudad de México, 1962) se convirtió en el primer alpinista no europeo -y el más joven hasta ese momento- que alcanzó la cima de las catorce montañas de más de ocho mil metros de altura.
Una hazaña que lo colocó junto a leyendas como Reinhold Messner (Italia, 1944) y Jerzy Kukuczka (Polonia, 1948-1989), quien fue su mentor. Ese año quedó marcado también por el accidente más famoso en la historia del Everest, en el que perdieron la vida ocho personas.
Este atleta excepcional hizo de la escalada vertical su especialidad. Dedicó buena parte de su trayectoria a abrir nuevas rutas, muchas de ellas en solitario y sin recurrir a oxígeno suplementario durante las ascensiones a los principales picos del Himalaya, donde se ubican los “catorce ochomiles”. Su pasión por las montañas lo llevó también a defenderlas y a advertir, desde entonces, sobre los riesgos del turismo masivo.
Tras retirarse del alpinismo de élite en 1998, Carlos Carsolio encontró en el vuelo de parapente otra forma de acercarse a las alturas. Entre los numerosos logros que obtuvo en esta disciplina, recuerda con especial afecto haber atravesado el país de costa a costa; una experiencia que le permitió conocer la inconmensurable belleza de México y de su gente.
Se trata, pues, de un explorador -como él mismo se define- que, no conforme con tocar el cielo en innumerables ocasiones, decidió también surcarlo. Actualmente comparte sus vivencias como conferencista y ha consolidado una trayectoria como escultor, actividad que ya le ha valido reconocimiento internacional. Todo ello, gracias a la montaña, su gran maestra.
Brújula. La comunidad de senderistas y corredores que frecuenta el Parque Estatal Sierra de Guadalupe pide a las autoridades municipales, estatales y federales mantener los patrullajes a raíz de la ola de inseguridad registrada en los últimos meses en esta área natural protegida, una de las principales zonas de conservación ecológica del Valle de México.
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