Mientras pensamos que el mundo está cambiando, la realidad es que ya cambió e intentamos entenderlo. Nuestros hijos están cambiando y no logramos comprenderlos. Porque mientras la conversación se encarga de clasificar a la colectividad, Millennials (1981 - 1996) que cuestionan todo y Generación Z (1997 - 2012) que lo exhibe todo, algo más profundo está sucediendo sin que terminemos de comprenderlo y mucho menos dimensionarlo.
En la inmediatez, la vida se transforma y nace una nueva generación, la generación Beta (2025 en adelante): hijos, en su mayoría de los Millennials y de la Generación Z, en donde niñas y niños nacen como parte de una segunda generación de la era digital, pero, sobre todo, inmersos en la tecnología y en la inteligencia artificial (IA) e incluso rodeados de la automatización en la cotidianidad y de sistemas que ya no necesitan a ningún humano como intermediario.
Parecerá algo menor, pero si analizamos el desarrollo generacional, vemos a los Baby Boomers que construyeron instituciones, a la Generación X que aprendieron a sobrevivirlas, los Millennials a cuestionarlas, la Generación Z a exhibir sus fallas y ahora llega la Generación Beta, quienes probablemente ni siquiera imagine necesitarlas.
Y es que no hablamos únicamente de una diferencia de edad, sino de una transformación profunda en su estructura cognitiva y social.
Mientras las generaciones anteriores aprendimos a adaptarnos a la tecnología, la Generación Beta nace inmerso en ella, la hábito y la normalidad; sin distinción entre lo físico y lo digital, pues según datos de UNICEF y de la UNESCO, más del 90% de los niños en países de ingresos medios tendrá acceso temprano a entornos digitales antes de los 10 años, y una proporción creciente interactuará con IA desde la primera infancia, lo que cambiará la forma de ver y entender al mundo como hoy lo conocemos.
Su capacidad de procesamiento de información será distinta, pero también su paciencia, su tolerancia a la frustración, su concepto de autoridad y su idea de comunidad, no son ni serán iguales a las que conocemos, y es que probablemente no estemos preparados para afrontar esta realidad social, porque seguimos educando a nuestros hijos como nos educaron a nosotros, incluso me atrevo a decir que pensamos en una sociedad que tal vez ya no exista. Nos enseñaron a creer que el acceso a la información era poder, sin embargo, la realidad es que ellos hoy tienen que pensar que el poder estará en saber diferenciarla de entre los excesos.
Y ahí es donde la conversación deja de ser tecnológica, porque toda generación redefine su estructura y la Generación Beta no será la excepción.
Estos hijos ya no pedirán permiso, ya no aceptarán reglas y posiblemente no se conformarán con discursos, porque estarán acostumbrados a interactuar, cuestionar y verificar en tiempo real, lo que provocará que cada día más acrecenté la diferencia entre las generaciones, porque no será una transición paulatina, será un desplazamiento rotundo.
Por ello, tenemos que reconocer este momento como parte de una ruptura entre las generaciones, en donde tenemos la oportunidad de aprender a comprenderlos, entenderlos y porqué no, desarrollar estrategias que permitan una mejor la convivencia con la generación Alfa (2013 - 2025) y Beta.
Por eso, cuando creemos que tenemos que enseñarles el mundo como lo conocemos, realmente cometemos un error, porque son ellos quienes vivirán con nuevos desafíos, sociales, culturales y hasta religiosos, incluso desafíos propios de un planeta cambiante y serán ellos quienes tengan que reconstruir a la sociedad con una nueva visión, nuevas reglas y una nueva forma entender la vida.
Entonces, la pregunta que nos deberíamos de estar planteando no es qué les vamos a heredar a nuestros hijos, sino sí, ¿estamos preparados para dejar hablar de un mundo que ya no existe o vamos a seguir aferrados a uno que las nuevas generaciones ya no van a necesitar?
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