Juan Carreón López, originario de San Salvador Huixcolotla, , mantiene viva la elaboración tradicional del papel picado en Chimalhuacán, donde comparte el oficio con su hijo, Iván Carreón. Este relevo generacional busca preservar una técnica artesanal que forma parte de la identidad poblana.

Martillo y cinceles de hierro son herramientas esenciales para elaborar las piezas. Foto: Luis Camacho / El Universal
Martillo y cinceles de hierro son herramientas esenciales para elaborar las piezas. Foto: Luis Camacho / El Universal

Huixcolotla es la cuna de este arte y Juan creció bajo el ritmo constante del martillo sobre el plomo. Cuando se trasladó a Chimalhuacán, convirtió la distancia en una oportunidad para preservar sus raíces. Hoy, su hijo Iván comparte el taller y aprende la precisión del dibujo y la fuerza exacta de cada golpe a mano.

Padre e hijo preservan en Chimalhuacán el calado manual del papel picado poblano. Foto: Luis Camacho / El Universal
Padre e hijo preservan en Chimalhuacán el calado manual del papel picado poblano. Foto: Luis Camacho / El Universal

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Frente a la producción masiva con láser y los productos industriales, los Carreón defienden el calado manual que distingue al papel picado poblano. El diseño y la simetría de sus piezas conservan el simbolismo original de esta tradición y demuestran que no se trata solo de un oficio, sino de un patrimonio que acompaña a sus creadores.

Los Carreón defienden la elaboración manual frente a la producción con láser. Foto: Luis Camacho / El Universal
Los Carreón defienden la elaboración manual frente a la producción con láser. Foto: Luis Camacho / El Universal

El trabajo de esta familia contribuye a que la tradición perdure. Mientras padre e hijo compartan el banco de trabajo, el papel picado tradicional seguirá vigente, gracias a la complicidad y al respeto por la herencia recibida.

El papel picado tradicional mantiene vivo el legado artesanal de San Salvador Huixcolotla. Foto: Luis Camacho / El Universal
El papel picado tradicional mantiene vivo el legado artesanal de San Salvador Huixcolotla. Foto: Luis Camacho / El Universal

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El proceso exige una precisión milimétrica que comienza con la selección de los colores del papel de china. Una vez elegido el tono, los pliegos se acomodan en fajos sobre una base de plomo, material que amortigua cada impacto y protege las herramientas. Entonces, el artesano toma el martillo y golpea con firmeza y ritmo los cinceles de hierro para calar las formas deseadas. Así, la fuerza de cada impacto se transforma en cortes finos y siluetas definidas.

Cada diseño requiere precisión para transformar el papel de china en figuras y siluetas. Foto: Luis Camacho / El Universal
Cada diseño requiere precisión para transformar el papel de china en figuras y siluetas. Foto: Luis Camacho / El Universal

En México, el papel picado es un elemento indispensable en las ofrendas de , cuyo valor va más allá de lo decorativo. Dentro de la cosmovisión de esta festividad, sus cortes representan el paso del viento y la fragilidad de la vida, además de simbolizar un vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La permanencia de talleres familiares que preservan su elaboración tradicional permite mantener viva la memoria histórica y el simbolismo.

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