Seguramente junto a la computadora, el celular es uno de los instrumentos que en las últimas tres décadas ha revolucionado significativamente actividades en los ámbitos sociales, políticos, económicos, culturales; solo se requiere que hagamos un ejercicio de retrospectiva de cómo era la comunicación hace cuatro décadas: el procesamiento de datos, el acceso a la información en general o la localización de algún lugar en particular, para darnos cuenta del vertiginoso cambio que tal vez aún no dimensionamos.
Antaño, para realizar una llamada telefónica tenía que hacerse en el teléfono fijo de casa o en las casetas telefónicas que de manera estratégica se colocaban en las esquinas, o las que se instalaban en algún lugar específico en localidades rurales donde una operadora era la encargada de gestionar la llamada. Qué decir de la comunicación por escrito a través del telegrama o de la carta, el primero transcrito en el momento por la operadora, que además debía ser un mensaje corto ya que el cobro se determinaba por el número de palabras utilizadas; la segunda depositada en un buzón o en la oficina de correos, que, dependiendo del domicilio del destinatario podía ser enviada vía terrestre o por avión, con lo cual el tiempo de entrega variaba.
Para el procesamiento de datos numéricos se contaba con una sumadora y en el mejor de los casos con una calculadora; hasta que llegaron las hojas de cálculo de Excel y otras similares que en cuestión de segundos procesan miles de datos de manera certera y confiable.
Con el desarrollo del Internet y la aparición-evolución del celular se han podido simplificar todos aquellos procesos de comunicación y obtención de información, ya que de manera virtual, podemos consultar miles de documentos o datos sin necesidad de ir a una biblioteca o a una librería a buscar los insumos deseados; podemos trasladarnos a distintos lugares sin detenernos a preguntar a algún poblador por la dirección que se busca, porque las aplicaciones existentes no sólo trazan el camino sino que calculan el tiempo de llegada; la llamada por celular no solo da la posibilidad de conversar, tiene la capacidad de establecer contacto visual entre las personas aunque se encuentren en distintos continentes.
Estas consideraciones hablan de los aspectos positivos del celular, sin embargo, actualmente se puede observar un rostro negativo que distorsiona los fines para los que fue creado y que afecta sobre todo a los niños, niñas y adolescentes de todo el mundo por el uso indiscriminado, sin supervisión y sin control de este medio de comunicación. Al respecto varios países están empezando a establecer medidas para restringir el uso del celular en este sector de la población.
En nuestro país la Secretaría de Educación Pública (SEP), publicó el pasado 21 de septiembre en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo 09/09/26 que entrará en vigor a partir del 3 de noviembre del presente año, para regular el uso responsable del celular y otros dispositivos electrónicos en las escuelas de educación básica públicas y privadas. La medida es acertada porque se pretende favorecer el aprendizaje y la convivencia durante el horario escolar y también contribuir a proteger la salud mental de niñas, niños y adolescentes.
Esta decisión de la SEP es positiva porque como se ha señalado en la conversación pública, es de vital importancia que los centros educativos sigan siendo los espacios de formación en sana convivencia, mediante un proceso de enseñanza-aprendizaje/educando-educador en un ambiente responsible, atendiendo además los contextos y necesidades de las propias escuelas.
Quedan pendientes disposiciones legales sobre el uso de las redes y plataformas a las cuales se accede sin límites ni controles, particularmente en aspectos tan sensibles como el de la violencia en todas sus modalidades, por mencionar solo un tema. En conclusión, el reto que tenemos como sociedad es hacer del celular una herramienta de trabajo y recreación constructiva, puesta al servicio de la paz individual y colectiva.
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