La semana pasada revisé las plataformas para planear vacaciones. Esta semana descubrí que ya quedaron atrás: la inteligencia artificial no solo compara vuelos y hoteles, ahora los reserva. La pregunta ya no es qué herramienta usar, sino qué tanto estamos dispuestos a delegarle.

En principio, todos los servicios de IA —gratuitos o de paga— ofrecen el mismo tipo de resultado, con distinto formato. Si solicitamos un viaje a Acapulco, para dos personas, con transporte y hospedaje incluido, ChatGPT devuelve un análisis de costos de vuelos saliendo de la Ciudad de México, compara varios hoteles y señala ventajas y desventajas de cada uno según precio y ubicación. Incluso pide más datos para ser más específico: edad de los viajeros e intereses.

Gemini y Claude AI, en cambio, entregan paquetes completos: transporte, hospedaje, entretenimiento y visitas guiadas. Los costos incluyen propinas y, además de comparar hoteles, aportan una "opinión" propia sobre qué decisión tomar en función del perfil del usuario: turista, descanso total, actividad constante.

Si vamos más allá de la descripción, Claude AI con Cowork —su entorno de trabajo agéntico, donde la herramienta ejecuta tareas y no solo responde— permite buscar horarios de vuelo concretos y comparar hospedajes con características especiales: mascotas, Airbnb, hoteles boutique. Hasta ofrecernos un itinerario día por día de lo que podríamos hacer y cuánto se podría gastar, considerando sitios turísticos y restaurantes favoritos o por conocer.

La extensión de Claude para Chrome llena automáticamente los datos principales de búsqueda y reservación de hoteles y vuelos, y puede rastrear tendencias de horarios o tarifas más baratas. Pero se detiene antes del pago: los datos de la tarjeta los ingresa el usuario, y la compra requiere su confirmación explícita. ChatGPT hace algo semejante en su versión de paga, con mayor interacción sobre los datos y las comparaciones de precios.

Aquí está el punto central: la diferencia real entre plataformas no es el formato, sino qué tanto pueden actuar por nosotros. Y en todos los casos, el resultado depende de una sola cosa: el prompt. Cómo damos la instrucción.

La instrucción debe ser muy clara. ¿Qué queremos? ¿Una comparación de hoteles o de vuelos? ¿Un itinerario? Podemos fijar un monto máximo y pedirle que no lo rebase. Se pueden solicitar comparaciones, listas y precios sin ningún problema. El resultado puede contener errores —precios desactualizados, horarios que ya cambiaron— y verificarlos en las páginas oficiales de hoteles y aerolíneas toma unos minutos, pero es indispensable antes de reservar.

Todos los servicios entregan más o menos lo mismo; lo que cambia es la precisión con que preguntamos. Verifique siempre antes de reservar: la IA planea bien, pero no responde por sus errores.

EL ÚLTIMO TECNOGOB

Esta leyendo la última colaboración de esta columna, después de cinco años desde que apareció en medios digitales. Agradezco al lector por su lectura y espero verlo de vuelta pronto. Agradezco a El Universal y sus editores por el espacio brindado estas semanas y por su paciencia y compromiso.

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