Mientras los ciudadanos interactúan con inteligencia artificial desde el teléfono, muchas oficinas de gobierno siguen operando con sistemas que tienen décadas de atraso. La brecha no es solo tecnológica: es de visión. No obstante, hay acciones concretas que cualquier funcionario puede tomar hoy, sin esperar a que el sistema cambie.

La gestión pública enfrenta presión simultánea desde dos frentes. Por un lado, el gobierno electrónico lleva años intentando digitalizar sus servicios en un proceso lento y desigual. Por otro, la inteligencia artificial generativa ya opera con datos gubernamentales —frecuentemente incorrectos o incompletos— sin que las instituciones tengan el control de esa realidad. Entre ambos frentes, el funcionario público queda atrapado en medio del atraso acumulado y la aceleración tecnológica. Le propongo dos ideas concretas para actuar desde donde está.

La primera es asumir la gestión de los datos propios como una responsabilidad profesional. Tanto el gobierno electrónico como la inteligencia artificial dependen de datos gubernamentales de calidad. Usted puede contribuir directamente garantizando que los datos que genera su área sean correctos, válidos, oportunos y consistentes. No subestime los datos que produce su organización: son un activo estratégico para la toma de decisiones. El siguiente paso es documentarlos mediante un registro básico que incluya: quién los generó, en qué formato, quién es responsible de su actualización y calidad, quién puede acceder a ellos, cuándo deben publicarse y con qué frecuencia deben respaldarse. Este registro convierte datos dispersos en un recurso invaluable y reutilizable por cualquier herramienta tecnológica, incluida la inteligencia artificial.

La segunda idea es incorporar una plataforma como NotebookLM para tareas de análisis documental. Su ventaja principal es que trabaja exclusivamente con los archivos que usted le proporciona, sin combinarlos con fuentes externas, lo que permite mayor control sobre la información institucional. Dado el rezago en equipos de cómputo que caracteriza a buena parte del sector público, una herramienta en la nube accesible desde cualquier navegador resulta más viable que soluciones locales de mayor costo. El flujo de trabajo es simple: documentos propios → plataforma → consulta en lenguaje natural → resultado estructurado. Con ese esquema es posible analizar textos, generar resúmenes, comparar documentos o extraer información clave sin requerir conocimientos técnicos avanzados en diversas formas.

El rezago tecnológico del gobierno no se resuelve con un decreto ni con un presupuesto extraordinario. Se resuelve, funcionario a funcionario, con decisiones pequeñas y constantes: cuidar los datos propios, documentarlos y usarlos con las herramientas disponibles. La transformación digital del Estado empieza en el escritorio de cada servidor público.

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