En política, hay territorios que valen más que otros. Y en el Estado de México ninguno tiene el peso electoral, social y estratégico de la zona oriente.
Ahí viven cerca de 10 millones de personas. Ahí se concentra una parte sustancial del padrón electoral mexiquense. Ahí se ganan o se pierden elecciones. Por eso no sorprende que, ante el adelanto para septiembre del inicio del próximo proceso electoral de 2027, el gobierno federal haya convertido a esta región en uno de sus principales frentes de trabajo y, también, de comunicación política.
Desde febrero de 2025, cuando fue presentado el Plan Integral para el Oriente del Estado de México, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, en coordinación con la gobernadora Delfina Gómez y los gobiernos municipales, ha desplegado una estrategia que combina inversión pública, infraestructura, programas sociales y una difusión permanente de resultados.
Los números son contundentes. El programa contempla más de 75 mil millones de pesos de inversión durante el sexenio para atender rezagos históricos en movilidad, agua potable, drenaje, salud, educación, vivienda y seguridad. Se trata de una intervención gubernamental sin precedente para una región que durante décadas acumuló carencias mientras crecía demográficamente.
De acuerdo con información oficial del Gobierno de México, tan sólo para 2026 se encuentran en ejecución proyectos como cuatro nuevos hospitales, 19 puentes vehiculares, 300 kilómetros de Senderos Seguros y nuevas opciones de transporte masivo.
En materia hidráulica, la Comisión Nacional del Agua reporta inversiones superiores a los 7 mil millones de pesos para obras que buscan beneficiar a más de seis millones de habitantes mediante la ampliación de redes de agua potable, drenaje y sistemas de prevención de inundaciones.
A ello se suman la consolidación del Trolebús Elevado Chalco-Santa Martha, la expansión de corredores de transporte público, la rehabilitación de vialidades, programas de vivienda y la ampliación de infraestructura educativa.
Sin embargo, más allá de los montos y las obras, hay un elemento que resulta imposible ignorar: la intensidad con la que estos avances están siendo comunicados.
Durante las últimas semanas, dependencias federales, el gobierno estatal y los municipios involucrados han incrementado la difusión de resultados, recorridos de supervisión, anuncios de nuevas obras y reportes de avance. Incluso el Sistema Mexiquense de Medios Públicos ha incorporado un noticiero específico para dar seguimiento al desarrollo del oriente mexiquense.
La señal es evidente. Morena y los gobiernos de la Cuarta Transformación no están esperando a que llegue la campaña electoral para construir presencia territorial. Lo están haciendo desde ahora, mediante obras visibles, programas de alto impacto social y una narrativa constante de transformación regional.
Mientras tanto, la oposición mexiquense parece atrapada en una pausa prolongada. PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano no han logrado posicionar una agenda alternativa ni construir una narrativa que compita con el despliegue gubernamental en la región más importante del estado.
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