Hay informes de gobierno que sirven para contar obras y otros que permiten leer hacia dónde quiere llevar un gobierno al país. El segundo informe de Claudia Sheinbaum tiene, para los mexiquenses, una lectura que va más allá de los kilómetros de carreteras, las obras o las inversiones. El punto es visualizar qué Estado de México está ayudando a construir la presidencia.
Y la respuesta empieza por el oriente.
El Plan Integral para esa región es probablemente la apuesta territorial más importante en la entidad -y hasta en el país-. Agua, drenaje, movilidad, hospitales, escuelas, pavimentación, espacios públicos, seguridad y vivienda forman parte de un mismo paquete. Es una inversión de decenas de miles de millones de pesos para una zona que durante décadas acumuló rezagos y que concentra a millones de mexiquenses.
Hay que reconocerlo, el oriente necesitaba una intervención de esta magnitud. No bastaba con tapar baches, desazolvar un canal o construir una escuela. El problema era estructural y, por eso, la respuesta tenía que ser de ese tamaño.
El agua ocupa un lugar especial. Las obras para evitar inundaciones en Chalco, Nezahualcóyotl y Ecatepec, así como las acciones para mejorar el abasto, muestran que el gobierno federal entendió algo que durante años se quiso atender por partes: el problema hidráulico del Valle de México no respeta fronteras municipales.
En tanto, el tren México-Toluca finalmente quedó conectado con Observatorio; avanza el México-Pachuca, que enlazará al AIFA con Hidalgo, y se proyectan nuevas rutas hacia Querétaro. Es una apuesta que puede cambiar la forma en que millones de personas se mueven por el centro del país.
Y aquí está lo interesante: el mapa empieza a ampliarse.
La presidenta ve en el Estado de México no sólo el estado más poblado, sino una pieza estratégica de la nueva infraestructura del centro del país. Y eso requiere desarrollo en todos los ámbitos y que se vea reflejado en bienestar para las familias mexiquenses.
En este reto no puede descartarse que, aunque la prioridad al oriente es justa, hay territorios de la entidad que también alzan la mano.
Toluca y su zona metropolitana tienen pendientes de movilidad y agua; el norte necesita infraestructura que acompañe su crecimiento industrial; el sur reclama conectividad y desarrollo; y municipios del poniente -el otrora corredor azul- siguen siendo fundamentales para la economía mexiquense.
Y es que una carretera no gana elecciones por sí sola. Un hospital tampoco. Mucho menos un tren. Lo que puede hacer la diferencia es que la gente perciba que esas obras cambiaron realmente su vida.
Y ahí el juego está en la cancha de la gobernadora Delfina Gómez: lograr y demostrar que la enorme inversión de Sheinbaum se traduzca en resultados cotidianos para los mexiquenses.
Ese será el reto en el segundo tramo de su administración: construir una entidad menos desigual y con una visión común de futuro.
De eso dependerá algo más que el balance de un sexenio: el nuevo mapa político del Edomex.
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