La discusión sobre una reforma electoral integral no puede seguir esquivando un fenómeno que, aunque durante años fue tratado como una zona gris, hoy representa una distorsión evidente de la competencia política: las campañas adelantadas.

En el Estado de México el problema quedó expuesto desde el año pasado, cuando varios personajes públicos iniciaron recorridos, reuniones comunitarias, posicionamiento de imagen y abiertos destapes antes de que los alcaldes siquiera cumplieran un año en funciones.

Entonces se argumentó que no podía hablarse de actos anticipados de campaña. La explicación era simple: todavía no existían procesos internos, tampoco calendarios oficiales y la legislación no contemplaba una anticipación tan extensa. Ese vacío terminó convirtiéndose en refugio. Mientras la norma guardaba silencio, la promoción personal avanzó sin freno y con ventajas imposibles de ignorar.

Hoy la autoridad electoral anuncia que sancionará a quienes incurran en campañas adelantadas. Los partidos apenas comienzan a reconocer formalmente sus procesos internos. La decisión llega, sí, pero también demasiado tarde para corregir una realidad que ya modificó el terreno de juego.

Porque quien recorrió municipios durante meses, acumuló estructuras y posicionó su nombre frente al electorado difícilmente podrá ser colocado nuevamente en el mismo punto de salida que quienes respetaron los tiempos.

La verdad es que el costo rebasa lo estrictamente electoral. También golpea la gobernabilidad. Un presidente municipal, un gabinete o cualquier administración requieren tiempo para consolidar proyectos, evaluar resultados y responder a las expectativas ciudadanas.

Sin embargo, cuando desde dentro o fuera del mismo partido aparecen aspirantes ocupados en construir candidaturas, la atención deja de concentrarse en resolver problemas públicos y comienza a desplazarse hacia cálculos políticos.

Además, el mensaje para la ciudadanía resulta profundamente contradictorio. Se pide respetar instituciones, pero durante meses se normalizaron estrategias que burlaban el espíritu de la ley.

Y es que una reforma sería no puede limitarse a castigar cuando el beneficio político ya fue obtenido. Debe cerrar vacíos, definir con claridad qué constituye promoción anticipada, establecer sanciones eficaces e impedir ventajas irreversibles, mientras deja a la autoridad electoral atada de manos, por limitaciones de origen en la ley.

De lo contrario, cada elección iniciará mucho antes del calendario oficial y la legalidad volverá a correr detrás de los hechos, nunca delante de ellos.

La reforma necesita reglas precisas sobre promoción personalizada, fiscalización temprana y responsabilidades para partidos, servidores públicos y aspirantes. Solo así la contienda recuperará equilibrio. Competir antes del silbatazo inicial no es audacia política; es aprovechar un vacío que jamás debió existir. Es permitir que los actores políticos se aprovechen de una ventaja que sus propios compañeros de los partidos dejan abierto.

La última trinchera

Durante el fin de semana, la mexicana más entusiasta y ferviente fanática de la selección mexicana debió ser La Secretaria de Cultura y Turismo Nelly Carrasco.

Y es que, a última hora, convocó a conferencia de prensa para anunciar con bombo y platillo la estrategia de los Destinos Futboleros en el oriente mexiquense.

Esos Fan Fest a los que les ha apostado tanto, en los que se invirtieron varios millones de pesos y, hasta este momento no han sido muy productivos.

Así la historia, la funcionaria debe haber rogado a todos los santos un triunfo del tri, para que su proyecto no fuera flor de un día.

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