Hace unos días la actual administración universitaria (2025-2029) lanzó la consulta al anteproyecto en su micrositio digital. Para quienes somos universitarios, viene a nuestra memoria el intento del exrector Rafael López Castañares, cuando propuso una consulta similar. Su interés era saber si había ánimos para que él pudiera reelegirse.
Entonces, las cifras revelaron que más de las dos terceras partes aprobaban que el periodo fuese de seis años. O bien, que la gestión durará cuatro años, con la opción a una sola reelección consecutiva; pero que tal enmienda no fuese en beneficio del rector reinante. Esa respuesta no le gustó a López, y todo se echó por la borda.
La segunda reforma reciente a la Ley Universitaria fue timoneado por el rector Alfredo Barrera Baca. Cayó en la tentación. La comunidad verde y oro dijo algo así como: ¡Va, pero que no te toque a ti! Aquel ensayo quedó acremente encajonado. Es decir, el Tántalo mítico hizo de las suyas con ambos dirigentes universitarios.
Lo que ahora se valora en el anteproyecto de Ley de la Dra. Patricia Zarza Delgado no ha querido morder esa dorada manzana, lanzada por la diosa Eris. En cuanto se supo que sometería a consulta la modificación de este magno documento, los personeros del Poder Legislativo le preguntaron si colocaría el tema de la reelección. La rectora esclareció que no. Parece que el texto ha decidido no transitar por esos senderos.
Llama la atención que para una institución pública de educación superior como la nuestra, el Capítulo III, denominado: DE LA RECTORA O RECTOR, postule que se otorgará el cargo de rectora o rector:
"a quien haya obtenido la mayoría de votos mediante sufragio personal, directo y secreto de cada persona integrante de la comunidad universitaria, contabilizados por el sector alumnado y el sector del personal académico y personal administrativo..." (página 24).
La cuestión no es menor. La democracia política descansa sobre el principio de igualdad ciudadana. Las universidades, en cambio, son comunidades especializadas de conocimiento donde también intervienen trayectorias académicas, experiencia institucional y méritos científicos.
Vamos a los datos: tenemos una matrícula de poco más de cien mil estudiantes, distribuidos entre estudiantes de preparatoria, licenciatura y un pelín de posgrado. ¿Las personas que están en tránsito van a decidir quién dirige la máxima casa de estudios? Parece que el sector académico y administrativo --que históricamente trabaja para esta institución-- será diluido y eclipsado por el alumnado. ¿Dónde está lo dicho y lo no expresado en este delicado artículo? Es importante saberlo.
Las mejores universidades del mundo tienen un sistema de elección de rectores(as) basado en el mérito académico; en una junta de expertos; en las contribuciones logradas a su campo. La discusión no consiste únicamente en quién ocupará más adelante la Rectoría, sino en quién tendrá el derecho efectivo a decidir el futuro de la Universidad.
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