Las recientes declaraciones de Pedro Sola sobre su rechazo a los perros han generado una reacción que rebasa con mucho el mundo del espectáculo. En realidad, revelan el choque entre dos formas de entender nuestra relación con los demás seres vivos.

Aquello que genuinamente expresó el charlista Pedro Sola lo ha puesto en la picota transmediática. Además de su animadversión hacia las mascotas, agregó otros disparates que no voy a repetir. Por cierto, esas expresiones violentas fueron aplaudidas in situ por su jefa Patricia Chapoy.

Estos programas de cotilleo o de chismes suelen articularse fuertemente con la dimensión afectiva y operan como una correa para lograr cierta desconexión de nuestros apremios o preocupaciones cotidianas. Al respecto, Jay G. Blumler, un sociólogo de la Universidad de Oxford sostiene que la prensa, la radio, el cine o la televisión se conectaban con una serie de necesidades humanas y que las audiencias buscamos contenidos que nos permitan satisfacer necesidades afectivas, cognitivas, de integración personal y social o, simplemente, de relajación.

Justo en ese entramado de necesidades humanas cayeron como un rayo las ocurrencias espetadas por el perpetuo integrante del programa Ventaneando, emisión transmitida por TV Azteca, bajo la dirección de Patricia Chapoy.

Es necesario reconocer que en México y en otros países del mundo ha estado emergiendo una nueva sensibilidad frente a una amplia otredad sintiente. Es decir, estamos en medio de una transición cultural que ha dejado atrás aquel viejo humanismo del que todavía mucha gente habla sin comprender a qué aluden; se cree que al decir “soy humanista”, se sobreentiende que se trata de una persona buena o solidaria.

Lo que plantean los teóricos del posthumanismo es que necesitamos colocar a la especie humana junto con las demás expresiones de la vida, en forma paralela o igualitaria. Esta perspectiva cuestiona la antigua jerarquía que colocaba al ser humano por encima del resto de los seres vivos.

Por ello, ahora se habla de una sola salud; de una integralidad capaz de comprender que todas las formas de vida constituyen un sistema profundamente interdependiente, incluida la humanidad. En menos palabras, que nuestra salud y sobrevivencia están conectadas con aquello que sucede con el resto de las formas que la vida expresa. Ante esta nueva sensibilidad sociocultural han tropezado dos personajes mediáticos, forjados en la farándula de Ventaneando.

Por ahora, se desconoce en qué acabará el efecto de este bumeran. Lo que es un hecho es que todavía circula una furiosa reacción en las redes sociales digitales, al tiempo que un sinnúmero de organizaciones protectoras de animales, medios locales y nacionales están presionado acremente a la televisora para que tome medidas radicales. No se han quedado atrás otros programas del mundo del espectáculo, así como algunas organizaciones como Change.org México.

El dueño de la televisora, Ricardo Salinas Pliego, tendrá que hacer sus cálculos económicos a fin de ponderar hasta dónde podrían llegar los daños de este umbrío episodio. Algunos analistas hablan de un posible retiro de patrocinadores ligados a productos para mascotas.

Quizá el verdadero problema para TV Azteca no sean las declaraciones de uno o de ambos conductores, sino haber ignorado que la sensibilidad moral de una parte importante de la sociedad ha cambiado de manera profunda.

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