Hace ya varios años leí una cita del ensayista y cineasta Jomi García Ascot que dice lo siguiente: "Hace ya mucho tiempo, en el Principio, Dios reunió a las criaturas y les leyó la gran obra que iban todos a representar. Luego, minuciosamente, asignó a cada una un papel. Pasaron los años, los siglos, los milenios. Dios tuvo que ocuparse de otras cosas. Se le olvidó la obra, se le olvidaron los personajes, se le olvidó el escenario. Las criaturas fueron indicando oralmente a sus propias criaturas el papel que les tocaba. Se infiltraron y se multiplicaron los olvidos, las omisiones, los errores. Se introdujeron improvisaciones, interpolaciones e inventos. Hoy nadie sabe en la obra, qué prosigue, qué parte corresponde al texto original (si alguna), ni qué parte desempeñan aún Dios, las criaturas o el azar".

Y aquí es donde yo les pregunto (diría un ex tlatoani mexicano) ¿no sienten que es muy actual dicho párrafo?, ¿A qué viene esta sensación de soledad y orfandad en tiempos convulsos como los que estamos viviendo?

Estamos a punto de terminar un año que, seguro estarán de acuerdo, se ha ido cada vez más rápido. La sensación de velocidad en que transcurren los días es general: tenemos poco tiempo para disfrutar o relajarnos mientras que el afán exige cada vez más y la vida se reduce a estar trabajando la mayor parte del tiempo.

Por eso creo que, en este noveno mes del año de nuestro señor, es necesario hacer un alto, respirar, despabilarnos y voltear a ver nuestro entorno con el propósito de retomar aquellas cosas, detalles y situaciones que nos hacen felices. Es preciso, imperioso diría yo, hacer un control de daños. Es decir, poner en práctica medidas o estrategias, de forma inmediata, para limitar las consecuencias negativas de una crisis que, en este caso, puede ser el trabajo, el estrés, los problemas diarios, entre un enorme y obstinado etcétera.

Siempre he creído que la música, el cine y la literatura (y el arte en general) poseen "algo" que solo en ellas podemos encontrar. Juan Domingo Argüelles, en su libraco Leer bajo su propio riesgo, dice: "la lectura es, antes que nada, una forma de felicidad que va más allá del conocimiento que pueda obtenerse de ella".

Las musas, invocadas correctamente, permiten que ese "algo", llamémoslo catarsis, entretenimiento, imaginación o estimulación, tenga potestad sobre nuestro espíritu (si existe), apelando a nuestra sensibilidad, haciéndonos más humanos, más empáticos.

En Cómo vencer a la muerte en treinta días: diario de Sinforoso Cantera, del colimense Francisco Blanco Figueroa, encontramos esta chulada: "El afán del hombre por guardar es muy poderoso. Cree que todo lo que hace es importante. En algún momento de su vida, el hombre decide deshacerse de lo que no sirve. Algunos no le hacen caso a este impulso y continúan acumulando lo que sea. Con el tiempo se vuelven amargados y rencorosos. La gran limpia se da cuando el dueño de la cómoda fallece. Todo lo bueno se queda y lo malo desaparece. Por eso, cuando alguien se muere la gente repite y repite lo bueno que hizo en vida".

Estamos a tiempo de desacelerar. Tomarnos un tiempo, respirar y preguntarnos cómo estamos, cómo está la otra persona. Que cada quien elija su contrariedad y su cura. Un libro, una canción, una plática, un café, un recuerdo, una persona...

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