Pobres porque quieren: Mitos de la desigualdad y la meritocracia, es un nuevo texto publicado por Máximo Jaramillo Molina. Trata sobre los mitos de la desigualdad y la meritocracia. El autor es creador de un proyecto de divulgación conocido como “Gatitos contra la desigualdad”, que ustedes pueden encontrar en redes sociales, donde se aporta información que pone en evidencia las constantes contradicciones derivadas de muchos mitos.

Particularmente, este libro busca evidenciar el mito de la meritocracia: por qué los pobres son pobres y cómo es que, paradójicamente, muchas personas consideran que los principios más importantes de las políticas sociales deben premiar a quienes se esfuerzan, y suelen estar de acuerdo con que los programas sociales hacen dependiente a la gente del gobierno. Sin embargo, el propio autor señala en el libro, con datos e información, que esto es un mito. En términos de política social, el gasto que tiene México respecto a los países de la OCDE presenta, al menos, una gran diferencia: México destina el 7 por ciento de sus ingresos vía PIB a gasto social, mientras que Francia destina el 32 por ciento. No solo eso, no basta compararnos con el primer lugar, veamos cómo estamos respecto a América Latina: Colombia y Costa Rica destinan el 15 por ciento; hay países como Irlanda y Turquía que destinan entre el 12 y el 13 por ciento. Es decir, somos de los más bajos destinando recursos al gasto social, por lo que es un mito suponer que dicha política pone en predicamento los recursos nacionales.

Esta injusticia deriva, básicamente, de la desigualdad fiscal, tema que ya se ha tratado en otras ocasiones en este espacio. La idea de que los pobres y los informales no contribuyen en la recaudación fiscal es solo un mito que supone que no aportan recursos. Planteemoslo de otra manera: la recaudación de impuestos en México coloca al país muy por debajo de otros. Francia tiene una recaudación de impuestos del 45 por ciento de su PIB; Dinamarca, del 47 por ciento y México apenas del 17 por ciento.

En América Latina, México es superado por varios países: Brasil recauda el 33 por ciento; Argentina, el 29 por ciento; Uruguay, el 26 por ciento; Costa Rica, el 25 por ciento; El Salvador, el 23 por ciento; Bolivia y Chile, el 22 por ciento. Incluso Trinidad y Tobago recauda más impuestos que México.

El problema de los impuestos es también la percepción de que solo los ricos contribuyen y mantienen a los más pobres. Otro de los grandes mitos es que los pobres aportan menos impuestos, lo cual no es cierto y representa una diferencia importante frente al decil de mayores ingresos, que puede reducir de mejor manera su carga fiscal.

Un dato del libro: la acumulación de deducciones fiscales del 10 por ciento más rico equivale a más de 20 mil millones de pesos. Esto representa 40 por ciento más que el presupuesto total dedicado a la pensión para el bienestar de las personas con discapacidad. Es decir, bastaría con que el gobierno eliminará la posibilidad de deducir ciertos gastos —como seguros, gastos médicos o colegiaturas privadas— para mejorar sensiblemente el presupuesto. Sin embargo, como es claro, detrás de esto hay un discurso profundamente ideológico que no quiere reconocer que los pobres son pobres porque el programa de gobierno, las políticas y el diseño institucional siguen privilegiando a quienes más tienen.

La extensa acumulación de la riqueza en muy pocas manos no se logra únicamente como resultado del éxito de las empresas o el libre comercio, se obtiene, y cada vez hay mayores evidencias, por un trato fiscal que alienta la acumulación de la riqueza y la desigualdad en México y, dicho sea de paso, en todo el mundo. La salida está en una nueva y profunda reforma fiscal que obtenga mayores impuestos del 1 por ciento de los más ricos que acumulan más de un tercio de la riqueza nacional. Sí, aunque usted no lo crea, el 1 por ciento equivale a aproximadamente 1.3 millones de personas. Este grupo concentra alrededor del 35 al 40 por ciento de los ingresos, es decir que, el 1 por ciento más rico gana 442 veces más que el 10 por ciento de la población con menores ingresos, no obstante, existe un grupo aún más pequeño, donde aproximadamente 331 mil 538 personas en México poseen una fortuna superior a un millón de dólares (0.26% de la población), es decir solo el 0.1 por ciento de las familias mexicanas concentra el 22.3 por ciento de la riqueza neta del país, (OXFAM, 2025)

Si queremos salir del falso dilema del “pobre es pobre porque quiere”, debemos avanzar en una política que aligere la carga que tienen la mayoría de los mexicanos.

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