Una democracia fuerte se construye mucho antes de las urnas: con buenos perfiles para elegir. La verdad es que no basta con organizar una jornada electoral. También importa que la ciudadanía tenga elementos suficientes para conocer, comparar y tomar una decisión.
Siempre he dicho que hay que fijarnos muy bien en las personas. Qué han hecho, cómo han trabajado, qué resultados pueden demostrar y si realmente conocen los problemas de la gente. Eso es importantísimo. Los nombres cuentan, pero la trayectoria habla mucho más.
Esta reflexión cobra todavía más sentido ahora que arrancó formalmente el proceso electoral 2026-2027 en el Estado de México, en el que se renovarán las diputaciones y los 125 ayuntamientos. Vienen meses de mucha actividad y competencia. Y desde ahora quisiera ser muy claro: competir no significa dividir.
Por eso me encantó escuchar a nuestro representante ante el IEEM, mi hermano Fabián Enríquez Gamiz, poner sobre la mesa algo muy contundente: como partidos, más allá de polarizar a la sociedad, debemos recordar que cuando pasan las elecciones todos seguimos siendo mexiquenses, todos seguimos siendo ciudadanos. La política debe servir para unir, no para desestabilizar.
Quienes participamos en la vida pública tenemos una responsabilidad brutal. Nos toca generar condiciones para que haya propuestas, contraste de ideas y acuerdos que ayuden a resolver los problemas de la gente.
El 15 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de la Democracia. Su fortaleza no está en que todos pensemos igual, sino en que podamos disentir, expresarnos y respetarnos. Eso también es democracia.
El camino apenas comienza y hay mucho por hacer. Vendrán propuestas, decisiones y una ciudadanía que tendrá la última palabra. Al final, más allá de cualquier resultado, seguiremos viviendo en el mismo Estado de México, enfrentando los mismos retos y compartiendo el mismo futuro.
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