La visita de Estado del presidente Lee Jae-myung a México ofrece una oportunidad para evaluar con seriedad el estado de la relación bilateral. Se trata de la primera visita de Estado de un mandatario surcoreano a México en 16 años, un intervalo prolongado para un vínculo que ambos gobiernos califican como estratégico. Más allá del protocolo, la visita obliga a revisar qué ha logrado esta relación, qué desequilibrios persisten y qué papel puede desempeñar Corea del Sur en la proyección de México y de América Latina hacia Asia.

México y Corea del Sur establecieron formalmente relaciones diplomáticas el 26 de enero de 1962, lo que suma 64 años de vínculo. Sin embargo, durante las primeras décadas la relación tuvo un perfil bajo. El acercamiento sustantivo llegó después: en 2005 se declaró la Alianza Estratégica para la Prosperidad Mutua, con el propósito de intensificar el diálogo y coordinar acciones en foros multilaterales.

El peso económico en la relación es considerable. Corea del Sur es el quinto socio comercial de México, con un intercambio que alcanzó 29 mil 700 millones de dólares en 2025. Para Corea, México es su socio comercial más importante en América Latina y su puerta de entrada a los mercados de la región. En el país operan más de dos mil empresas con capital surcoreano, entre las que destacan Samsung, LG, KEPCO y KOGAS, con presencia relevante en los sectores automotriz, electrónico, siderúrgico y energético.

No obstante, la composición del intercambio revela asimetrías. En junio de 2026, las exportaciones mexicanas a Corea sumaron 404 millones de dólares, frente a importaciones por 2 mil 609 millones. La marcada variación responde a un modelo en el que México participa principalmente como plataforma de ensamblaje y Corea aporta los bienes intermedios, el diseño y la tecnología. La inversión coreana genera empleo, pero su efecto en la proveeduría nacional y en la transferencia tecnológica sigue siendo limitado.

Ambos gobiernos adoptaron el Plan de Acción México-Corea 2026-2030 y firmaron 17 memorándums de entendimiento en materia de comercio, inversión, tecnología, educación y cultura.

La eficacia de este nuevo plan dependerá de que se incorporen metas verificables, mecanismos de seguimiento y una definición clara de lo que México busca obtener. A ello se suma la estrategia mexicana de diversificar alianzas comerciales ante la revisión del T-MEC, lo que vuelve más necesario que la diversificación se traduzca en mayor valor agregado nacional.

Los resultados de esta visita podrían concentrarse en sectores como:

  • Ciencia y tecnología. Pues la agenda bilateral contempla inteligencia artificial, digitalización, industria aeroespacial y cooperación en defensa. Corea es uno de los países que más invierte en investigación y desarrollo en proporción a su economía; México podría aprovecharlo mediante centros conjuntos de investigación en semiconductores, baterías y manufactura avanzada.
  • Minerales críticos y energía. México cuenta con recursos como el cobre y litio; Corea tiene una industria de baterías de primer nivel. Una cooperación bien diseñada permitiría integrar etapas de procesamiento en territorio mexicano en lugar de limitarse a la exportación de materias primas.
  • Educación. Existe margen para ampliar becas recíprocas, programas de formación técnica inspirados en el modelo coreano y la enseñanza del idioma en universidades públicas. El interés de las nuevas generaciones mexicanas por la cultura coreana es una base que podría orientarse hacia la formación de capital humano especializado.
  • Migración y comunidad. La presencia coreana en México antecede a las relaciones diplomáticas: la primera migración llegó a Yucatán en 1905. Esta historia justifica una agenda sobre la comunidad de descendientes, así como sobre movilidad laboral, visas de trabajo y protección consular.
  • Cultura y turismo. La difusión cultural coreana en México ha sido notable; la presencia cultural y turística mexicana en Corea, en cambio, es reducida. Equilibrar ese flujo también forma parte de una relación madura.

Corea del Sur reúne condiciones que la hacen valiosa para México y la región: es una potencia media con capacidad tecnológica, comparte con México la pertenencia a MIKTA, el G20, la OCDE y APEC, y ha mostrado interés sostenido en América Latina.

A diferencia de China, su presencia no genera las mismas tensiones geopolíticas con Estados Unidos, lo que la convierte en una opción de diversificación compatible con el marco del T-MEC.

De esta manera, para que Corea sea un socio realmente estratégico, México tendría que asumir un papel que hasta ahora no ha ejercido: el de articulador de una agenda latinoamericana hacia Asia que combine acceso a mercados, inversión con encadenamiento local y cooperación científica. En resumen, vale la pena explorar este nuevo horizonte.

@jorge.dasaev

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