Durante el primer trimestre del 2026, la industria mexicana relacionada con Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) demostró un dinamismo excepcional al registrar un crecimiento anual del 5.4 por ciento, una cifra que supera por 27 veces el avance del 0.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Según datos de la consultora Select, el ecosistema tecnológico facturó 360 mil millones de pesos en este periodo.
Aunque tradicionalmente las TIC en México crecen cinco veces más que la economía general, la brecha actual se ensanchó de forma drástica debido a la consolidación de grandes proyectos acumulados.
Este comportamiento posiciona al país como el segundo mercado de servicios digitales más importante de América Latina, esto debido en buena medida por la infraestructura de telecomunicaciones fijas, los servicios de almacenamiento en la nube —que repuntaron un 17 por ciento— y los proveedores de centros de datos, que crecieron un 10 por ciento. Paralelamente, los servicios de informática avanzaron un 10.1 por ciento, con una fuerte orientación hacia la observabilidad y la ciberseguridad, un área crítica dado que la nación enfrenta un déficit severo de especialistas, contando apenas con 6 mil de los 83 mil requeridos.
A nivel general, el despliegue de las TIC aporta beneficios transversales e indispensables para la modernización global pues estas tecnologías optimizan la conectividad, aceleran la automatización de procesos internos corporativos y elevan la eficiencia mediante herramientas avanzadas.
Actualmente, la adopción de la Inteligencia Artificial actúa como un motor de innovación fundamental ya que más del 90 por ciento de los negocios experimentan con ella buscando escalabilidad, gobernanza de datos y una mejor administración. Sin embargo, este auge ha generado desafíos colaterales en la cadena de suministro global, tales como el desabasto, la volatilidad de precios y retrasos en entregas de hardware crítico, especialmente memorias RAM.
Para la economía, las TIC son un pilar estratégico que impulsa la competitividad y contrarresta periodos de desaceleración o estancamiento en los sectores tradicionales, permitiendo que la productividad no se detenga.
Para otros países, y de manera muy particular para las naciones de América Latina, las TIC representan la llave maestra para la inclusión social y el cierre de brechas históricas.
La inversión tecnológica regional actúa como un catalizador para mitigar los rezagos económicos, facilita el acceso a servicios financieros digitales, educación a distancia y salud digital.
El desarrollo de infraestructuras como la conectividad móvil y la nube pública genera un impacto medible en el bienestar comunitario, estimulando la creación de empleos calificados y promoviendo la transformación del tejido empresarial local. No obstante, el verdadero desafío para Latinoamérica radica en madurar estos entornos tecnológicos.
Para que las TIC traduzcan su potencial en un progreso socioeconómico real y sostenible, los países de la región deben enfocar sus esfuerzos en la formación de talento especializado y en dirigir la adopción de innovaciones complejas, como la IA, hacia palancas de productividad sumamente específicas y adaptadas a las realidades estructurales de cada sector productivo local.
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