Se cumplió un año desde que las autoridades de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) suspendieron el acceso turístico al Nevado de Toluca (4,680 m), tras la volcadura de una camioneta que transportaba visitantes, accidente que, de acuerdo con reportes iniciales, dejó 13 personas lesionadas.
Desde entonces, la Conanp anunció que trabajaría en el diseño de una estrategia de atención turística basada en tres ejes: garantizar la seguridad de los visitantes, proteger el entorno natural y promover el desarrollo responsable de las actividades recreativas. No obstante, la reapertura prevista para el 18 de octubre de 2025 fue cancelada y el acceso se mantiene suspendido hasta nuevo aviso.
La recategorización de 2013, cuando el emblemático Xinantécatl pasó de Parque Nacional a Área de Protección de Flora y Fauna mediante decreto presidencial, también merece ser revisada a la luz de los problemas que persisten.
Incluso en febrero del año pasado, la secretaria del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Alhely Rubio Arronis, informó que se analizaba una posible nueva categoría de protección para el emblemático volcán, que incluyera zonas de conservación y amortiguamiento.
Sin embargo, a estas alturas queda claro que la categoría por sí sola tampoco garantiza la conservación. En 2024, Rubio Arronis declaró que el Nevado de Toluca habría perdido más de 30 por ciento de su masa forestal debido a la tala ilegal e inmoderada y reconoció también que no se contaba con un dato específico, aunque reportes científicos estiman una pérdida superior al 30 por ciento.
Por lo tanto, el desafío no consiste únicamente en decidir una nueva figura de protección, sino en determinar hasta qué punto las reglas existentes se han aplicado y cumplido a cabalidad, pues durante los meses posteriores al cierre, en redes sociales se difundieron ingresos clandestinos y algunas agencias de viaje mantuvieron actividades programadas pese a las restricciones.
A este debate se suma la postura del Observatorio Ciudadano de Cambio Climático del Valle de Toluca -instalado en el Congreso local en febrero de 2026-, que ha planteado restringir el acceso masivo y, particularmente, el ingreso de vehículos, al considerar que la presión turística rebasa la capacidad ambiental del sitio.
El organismo ha señalado también indicios de recuperación de flora, fauna, bosque y recursos hídricos en este último año. Tal planteamiento abre una pregunta de fondo: ¿qué volumen de visitantes puede soportar hoy el Xinantécatl sin comprometer su recuperación?
Lo cierto es que, al cumplirse un año del cierre, las buenas intenciones y los diagnósticos sobran. El verdadero reto es decidir qué modelo de gestión necesita hoy. Repensar el Nevado de Toluca no significa simplemente decidir cuándo permitir el ingreso, sino establecer cómo podemos acercarnos, conocer, admirar y respetarlo sin comprometer su futuro y el nuestro.
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