Para los lectores de El llamado de la montaña, el retroceso de los glaciares, los nuevos riesgos en las grandes elevaciones, así como los efectos del cambio climático han sido temas constantes. La agenda medioambiental se impone a nivel internacional.

Sin embargo, el desastre ocurrido en la zona fronteriza entre Nepal y China, en la región autónoma del Tíbet, sorprendió por su magnitud y, más que obligarnos a anticipar conclusiones, debería llevarnos a reconsiderar la forma en que nos acercamos a las distintas cordilleras del planeta.

Por su dimensión y por la cadena de fenómenos que desencadenó, se trata de una tragedia excepcional. Más de mil 300 personas han fallecido y alrededor de cinco mil 400 permanecen desaparecidas, según los últimos reportes oficiales.

La devastación alcanzó comunidades, carreteras, puentes, infraestructura hidroeléctrica y zonas de actividad turística tanto en Nepal como en el territorio chino del Tíbet. El impacto económico y social todavía está lejos de poder calcularse.

Si bien en un primer momento se consideró que un temblor había provocado el colapso, los análisis posteriores apuntaron en sentido contrario: una falla de ladera que involucró material glaciar produjo una señal sísmica registrada como un evento de magnitud 5.2.

El desprendimiento desencadenó además un flujo de hielo, roca, agua y sedimentos que provocó una inundación repentina y amplificó la devastación aguas abajo.

Aunque existen hipótesis que relacionan las condiciones asociadas al calentamiento global con una mayor inestabilidad de glaciares y laderas, la comunidad científica ha sido muy precavida al establecer una relación causal directa entre el calentamiento global y este episodio concreto.

El año pasado, en los Alpes suizos, ocurrió un suceso que merece ser observado con atención. En mayo de 2025, el desprendimiento de una parte importante del glaciar Birch desencadenó una avalancha de hielo y roca que sepultó gran parte de la localidad de Blatten, en el cantón del Valais.

Un estudio publicado en Communications Earth & Environment estimó que unos 20 millones de toneladas de hielo y roca descendieron hacia el valle. Sin embargo, este evento dejó una lección adicional: las autoridades habían monitoreado previamente la deformación del glaciar y ordenaron la evacuación de la población nueve días antes del colapso.

Aunque el desastre fue catastrófico en términos materiales, la respuesta anticipada evitó una tragedia humana mayor. Una persona murió, pero la salida preventiva puso a salvo a cientos de habitantes y animales antes del desprendimiento.

De hecho, el estudio científico antes mencionado estableció también un periodo de calentamiento excepcional como uno de los factores relevantes en la evolución del glaciar y del terreno.

Más que establecer una relación simple de causa y efecto, el caso suizo muestra cómo el monitoreo puede convertirse en una herramienta decisiva para anticipar el peligro. En ese sentido, la tragedia de Nepal debería marcar un antes y un después.

Brújula. El arranque del ciclo escolar en el Estado de México vino acompañado de la jornada: “Regresa a Clases Plantando un Árbol”, en la que participaron más de 900 escuelas de todos los niveles educativos y se plantaron más de 80 mil ejemplares, gracias a la coordinación entre la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTI) y la Protectora de Bosques (Probosque).

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