Hace más de 75 años fue colocada una cruz en la cima del monte Aneto (3 mil 404 mts), el techo de los Pirineos españoles, que se convirtió en referente para varias generaciones de montañistas. La noticia de su reciente derribo provocó sorpresa y ha vuelto a poner en discusión la permanencia de símbolos religiosos en las cumbres ibéricas.

Las autoridades de Benasque (Huesca) ya investigan este presunto acto de vandalismo, que habría requerido el uso de una esmeriladora para cortar desde su base una estructura de 3 metros de altura que pesaba cerca de cien kilos y arrojarla cuesta abajo. Para la mayoría, este hecho deliberado representa un atentado contra el patrimonio cultural de la región.

En Europa, la instalación de estas cruces se documenta a partir del siglo XIX, aunque existen antecedentes desde la Edad Media e incluso, en culturas precristianas, se levantaban montículos de piedra o hitos como marcadores simbólicos del entorno.

Prácticas similares se observan en otras latitudes. En el antiguo imperio inca, en los Andes, se depositaban tributos en santuarios situados a gran altura; en el Himalaya, las banderas de oración del budismo tibetano convierten el viento en portador de plegarias.

En México, esta tradición se remonta al periodo colonial, aunque las montañas poseían un carácter sagrado desde antes de la llegada de los españoles. El descubrimiento de vestigios arqueológicos -adoratorios y ofrendas-, en nuestros volcanes lo confirma.

Así, el Día de la Santa Cruz se articula con el inicio de la temporada de lluvias y la siembra en el calendario agrícola indígena. Según la tradición católica, se conmemora también el hallazgo de la cruz de Jesús, durante las excavaciones de los cimientos de la basílica construida sobre el Santo Sepulcro, alrededor del año 326.

No es de extrañar que ambas prácticas hayan perdurado hasta nuestros días. Cada 3 de mayo, la Santa Cruz reaparece en cerros, construcciones y márgenes del paisaje cotidiano. Se eleva, se adorna, se nombra. Pero su presencia en la montaña no se limita a lo religioso.

En nuestro país, la cruz puede indicar la cima alcanzada o recordar a quien no regresó. Señala tránsito y riesgo. La montaña permanece. Nosotros la situamos para decir que estuvimos ahí, que algo ocurrió. Y que vale la pena no olvidarlo.

Brújula. Fuentes locales nepalíes reportan que este año la temporada de mayor afluencia en el Everest (8,848 mts) inicia con la apertura tardía de la cascada del Khumbu, el primer gran obstáculo en la ruta sur hacia la cumbre, debido a la presencia de un serac -bloque de hielo fracturado dentro de un glaciar, similar a una torre o muro, que puede colapsar en cualquier momento-. Se prevén problemas de saturación por el retraso acumulado, la presión del tiempo y un incremento en el nivel de riesgo. La montaña aún manda.

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