Juan Martín Pérez García, presidente de la asociación civil Tejiendo Redes Infancia, me habló de que una parte de la crisis de desapariciones de la que muy poco tomamos en cuenta, y es de las hijas y los hijos que se quedan en espera de sus padres. En México ni siquiera sabemos cuántos son. Una estimación reciente advierte que podrían ser cerca de 165 mil los que se vinculan con personas desaparecidas o no localizadas. Aunque no podemos hablar de una cifra definitiva. Pero es ahí donde comienza el problema, porque no existen datos oficiales que nos permitan conocer con precisión esta realidad tan lacerante.
El cálculo parte de 103 mil 176 registros de personas de entre 15 y 49 años que, al 27 de agosto de 2026, permanecían desaparecidas o no localizadas. Al aplicar un promedio de 1,60 hijas e hijos, la estimación llega a cerca de 165 mil. Por supuesto, el propio estudio aclara que no significa que todos sean actualmente menores de edad. Lo que sí muestra es que existe un gran vacío. Actualmente contamos a las personas desaparecidas, pero no sabemos cuántos hijos se quedaron en casa.
Los que se esperan
Una desaparición cambia totalmente la vida de una familia. Hay niñas, niños y adolescentes que pierden estabilidad económica y emocional, modifican sus rutinas, enfrentan problemas escolares, miedo, ansiedad y dificultades para dormir. Algunos combinan los estudios con su empleo para ayudar en casa. Las mujeres asumen una mayor carga de cuidados. La ausencia modifica todo.
El informe permite dimensionar el problema. Ahí se estimaron 8 mil 941 niñas, niños y adolescentes afectados por la desaparición de 5 mil 588 personas de entre 15 y 49 años. En audiencia participaron menores de entre 10 y 17 años y sus familiares. Hablaron de afectaciones emocionales, escolares, económicas y familiares. Pero también pidieron algo elemental y que es ser escuchados y saber por lo que pasan.
Una adolescente, hija de una persona desaparecida, lo resumió en una frase que no puede olvidarse: "Crecer buscando a alguien es crecer con una ausencia, pero también con esperanza". Hay que explicarles de acuerdo con su edad, pero no excluirlos de una realidad que es una parte de su vida.
Es real que también son víctimas
Se hacen propuestas concretas como el de generar información estadística periódica, reconocer a niñas, niños y adolescentes como víctimas indirectas, ofrecer atención jurídica, psicológica y de salud especializada, prevenir la discriminación escolar y apoyar a quienes quedan a cargo de ellos. Porque la búsqueda de una persona desaparecida no puede invisibilizar a quienes a quienes se quedan en casa.
Tal vez lo que preocupa de lo que da a conocer Juan Martín Pérez García es que la estimación habla de cerca de 165 mil hijas e hijos y hay miles que permanecen fuera de registros y, muchas veces, de las políticas públicas. Cada persona desaparecida debe ser buscada, pero también debe considerarse que puede dejar hijos que que crecen, estudian, preguntan y esperan. A ellos no podemos desaparecerlos de las cifras, pero menos de nuestra preocupación.
























