En el béisbol, todo ocurre entre costuras, pero los campeonatos rara vez se construyen siguiendo una sola fórmula. Hay noches para batear, otras para lanzar, algunas para dominar y muchas más para resistir. Los equipos que llegan hasta el final terminan descubriendo que no importa demasiado cuál sea el camino mientras encuentren una manera de ganar. Los Toros de Tijuana encontraron prácticamente todas. Hoy son campeones de la Liga Mexicana de Beisbol.
Tijuana derrotó cuatro juegos a dos a los Olmecas de Tabasco y levantó la "Copa 108 Costuras" por tercera ocasión en su historia, después de los campeonatos de 2017 y 2021. Lo hizo después de terminar como el mejor equipo de la Zona Norte durante la temporada regular, atravesar los playoffs y confirmar en la Serie del Rey que aquella consistencia construida durante meses podía sostenerse cuando cada lanzamiento comenzaba a pesar mucho más.
Pero quizá lo más interesante del campeonato no sea simplemente que Toros ganó, es cómo lo hizo. La Serie del Rey comenzó con una advertencia. Tabasco llegó a Tijuana y ganó 7-1 el primer encuentro. Después de 33 años sin disputar una final, Olmecas no parecía dispuesto a comportarse como invitado. Golpeó primero, silenció la frontera y obligó inmediatamente al favorito a responder.
Y vaya que respondió. Un día después, Toros ganó 13-2, conectó 18 imparables, cuatro cuadrangulares y fabricó diez carreras en una sola entrada. Aquella noche parecía confirmar la enorme capacidad ofensiva que había acompañado al equipo durante buena parte de la temporada.
Entonces la serie viajó a Villahermosa y volvió a cambiar. El calor, la humedad y un estadio "Centenario 27 de Febrero" que había esperado más de tres décadas para volver a recibir una final transformaron nuevamente el escenario. Tabasco compitió, respondió y consiguió que la Serie del Rey llegará empatada a dos juegos al quinto encuentro.
Ahí apareció probablemente el momento que mejor explica al nuevo campeón. Olmecas llegó a tener ventaja de 5-0. Tijuana estaba a unas entradas de regresar a casa obligado a ganar los dos partidos restantes para evitar que Tabasco levantara el campeonato en la frontera. Pero los Toros comenzaron a descontar, resistieron y esperaron.
En la octava entrada, Hernán Pérez empató el juego con un cuadrangular. En la novena, Junior Lake conectó otro. Tijuana ganó 6-5. Aquella noche no necesitó dominar desde el principio, necesitó negarse a perder. Y esa diferencia explica muchas veces un campeonato.
Porque ganar cuando todo funciona puede ser relativamente sencillo. El bateo aparece, el abridor domina, el bullpen consigue outs y durante algunas horas el béisbol parece un deporte predecible. El verdadero problema comienza cuando nada sale como estaba planeado. Cuando el rival golpea primero, cuando cinco carreras parecen demasiadas o cuando el juego obliga a encontrar una solución distinta a la imaginada. Los campeones suelen encontrarla.
Toros regresó a Tijuana necesitando una victoria y, después de haber ganado anotando trece carreras y después de remontar cinco de desventaja, consiguió el campeonato de una manera completamente diferente. Ganó 2-0.
Adonis Medina lanzó cinco entradas en blanco y permitió apenas dos imparables. Después aparecieron Adbert Alzolay, Jairo Asencio, Roel Ramírez y Brett de Geus para completar una blanqueada en la que Olmecas terminó con apenas tres hits.
La ofensiva que días antes había producido trece carreras necesitó solamente dos. Gilberto Celestino las impulsó con un sencillo en la quinta entrada. Eso fue suficiente. Y quizá ahí se encuentre la imagen definitiva de este campeonato.
La semana pasada, cuando la Serie del Rey estaba empatada 1-1, escribíamos en este espacio que las finales rara vez se explican únicamente por quién puede golpear más fuerte, porque también terminan decidiendo por quién sabe resistir cuando deja de golpear. Tijuana terminó comprándolo.
Hernán Pérez, elegido Jugador Más Valioso de la Serie del Rey, representa bien esa capacidad. Apareció con el cuadrangular que empató aquel dramático quinto juego, produjo durante la final y aportó también defensivamente. Pero alrededor suyo hubo protagonistas diferentes prácticamente cada noche. Celestino produjo las carreras del campeonato, Medina dominó desde la lomita, Lake conectó uno de los batazos más importantes de la serie y el bullpen consiguió los últimos doce outs sin permitir carrera. Eso también distingue a los grandes equipos: no necesitan que el mismo jugador los salve todas las noches.
Olmecas merece igualmente un reconocimiento. Después de 33 años regresó a una Serie del Rey y obligó al mejor equipo del Norte a mostrar prácticamente todas sus herramientas. Tabasco ganó en Tijuana, defendió su casa y estuvo a unas entradas de regresar a la frontera con ventaja en la serie. El 4-2 final no debería borrar lo competida que llegó a ser esta batalla.
Pero el campeonato viaja a Tijuana. Y no parece casualidad. Toros ganó 60 juegos durante la temporada regular, fue el mejor equipo de la Zona Norte y después encontró respuestas cada vez que la postemporada le presentó una pregunta distinta. Ganó cuando pudo dominar, ganó cuando tuvo que remontar y finalmente ganó cuando apenas pudo anotar dos carreras. Durante meses demostró que sabía jugar buen béisbol.
Entre costuras, quizá esa sea la mejor definición posible de un campeón. No es el equipo que siempre batea más, ni el que nunca pierde, ni siquiera aquel al que todo le sale bien. Es el que descubre cómo ganar cuando las circunstancias cambian y cuando el camino que funcionó ayer desaparece al día siguiente.
Los Toros ganaron con jonrones, con rallies, con remontadas, con pitcheo y también con paciencia. La última noche necesitaron apenas dos carreras. Porque para levantar la Copa 108 Costuras no hace falta encontrar siempre la misma forma de ganar. Hace falta encontrar una cuando más se necesita.
@elbarbondelbeisbol
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