Desde chica aprendí que el campo nunca espera, la lluvia llega y no pregunta si hay dinero para sembrar, la tierra sigue su curso y el tiempo, no perdona. Quienes viven de la agricultura, cada ciclo agrícola siembran con la esperanza de cosechar, pero en los últimos años he visto algo que antes parecía impensable: sembrar sabiendo que probablemente perderán su inversión; aun así, vuelven a intentarlo y justo esa es la grandeza —y también la tragedia— del campo mexicano.

Crecí viendo a un hombre que hizo que el campo fuese su modo de vida, mi abuelo; y con los años tuve la oportunidad de trabajar en el sector agropecuario y entendí que detrás de cada cosecha hay mucho más que cifras de producción; hay familias enteras apostando su patrimonio. Por eso sigo convencida de que hablar del campo no es hablar del pasado; es hablar de la seguridad alimentaria, del agua y del futuro de México.

Durante décadas repetimos que el campo era estratégico, pero pocas veces lo convertimos en prioridad, por eso celebró la reciente entrega de la olla de captación de agua "Tláloc", encabezada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez en Texcoco, no es únicamente una obra hidráulica, es un mensaje político: comprender que, frente a la sequía y al cambio climático, garantizar agua para producir alimentos también es garantizar bienestar para miles y millones de familias mexiquenses.

Esta olla, pretende almacenar más de 50 millones de litros de agua, beneficiando directamente a 150 productores florícolas y forma parte de una estrategia que contempla 23 ollas de captación en la región para fortalecer la disponibilidad del recurso hídrico. Evidentemente esta acción por sí sola no resuelve décadas de rezago, pero sí marca una ruta distinta, la de transformar el campo mexiquense.

El Estado de México sigue siendo una potencia agropecuaria que tiene mucho por dar, pues tiene una enorme diversidad productiva y ocupa posiciones nacionales relevantes en cultivos agrícolas, floricultura y producción pecuaria, pero detrás de ello, hay miles de mujeres y hombres que todos los días sostienen al campo mexiquense.

Sin embargo, producir cada vez cuesta más: los fertilizantes, el diésel, la maquinaria, las condiciones climáticas y la falta de infraestructura siguen presionando a quienes viven del campo; por ello considero un gran acierto del Gobierno del Estado de México el impulso a las obras hidroagrícolas y a los programas para fortalecer la productividad, pues durante los próximos años no solo se necesita producir más, sino producir mejor y con mayor capacidad de enfrentar el clima que cada vez es más impredecible.

Pero aún falta mucho por hacer, el productor agrícola enfrenta grandes retos: financiamiento, innovación tecnológica, caminos saca cosecha en mejores condiciones, capacitación permanente y acceso a mercados donde su trabajo reciba un precio justo; pues no se trata solo de sembrar las tierras; sino de sembrar oportunidades para una vida mejor.

En el campo no existen soluciones mágicas, ni discursos que sustituyan el esfuerzo diario de quien trabaja la tierra, lo que sí existen son gobiernos capaces de generar condiciones para que ese esfuerzo rinda frutos.

Por eso estoy convencida de que la estrategia que impulsa a la gobernadora Delfina Gómez representa una oportunidad para devolverle la dignidad al campo mexiquense.

Porque cuando el campo florece, florecen sus comunidades, se fortalece la economía y se garantiza la seguridad alimentaria de nuestro país.

El campo no quiere privilegios; quiere un futuro y ese futuro comienza el día en que entendamos que invertir en quienes producen nuestros alimentos nunca será un gasto, siempre será una inversión estratégica para garantizar la soberanía alimentaria.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Google News

TEMAS RELACIONADOS