Los últimos días hemos visto en las calles desfilar automóviles adornados con globos y pintados de múltiples mensajes llenos de amor y orgullo para las y los egresados de los diferentes niveles escolares; sin embargo, el texto que redactó hoy está dedicado a las niñas que egresan del preescolar. Verlas con sus pequeñas togas y birretes y sonriendo con orgullo mientras reciben su diploma de preescolar este 2026, evoca una mezcla de ternura y profunda admiración porque no estamos ante una graduación de kínder cualquiera, las niñas que este año egresan en el Estado de México pertenecen a una estirpe particular: nacieron en el 2020. Son niñas que llegaron al mundo desafiando el confinamiento, la incertidumbre y el peso de una pandemia global que paralizó al planeta entero.
Para dimensionar la magnitud de esta generación, vale la pena mirar las estadísticas que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Registro Civil del Estado de México nos revelan, pues el año 2020 estuvo marcado por un drástico descenso en el registro de natalidad en el Edomex debido al cierre de oficinas y las restricciones sanitarias y del total de nacimientos que lograron consolidarse en ese año histórico y complejo, prácticamente el 49.1por ciento fueron niñas.
Hoy, seis años después, la realidad escolar nos muestra el verdadero milagro de su permanencia: la matrícula de educación preescolar en el Estado de México alberga a más de 500 mil pequeños y pequeñas estudiantes de esta misma cohorte. Ver a las niñas que nacieron en medio de una pandemia, concluir el preescolar e iniciar la educación primaria es constatar que, desde su primer suspiro, han sabido lo que significa resistir y adaptarse.
Esta generación de niñas no sólo sobrevivió a un año de crisis sanitaria global; sino que, desde la cuna demostró una fortaleza invisible que hoy florece en las aulas. Quienes hoy dejan el preescolar para aventurarse a la primaria, no solo son el futuro; son el reflejo exacto de un cambio de época en la manera en que entendemos la infancia. Las niñas que hoy reciben su primer "diploma" comenzaron su vida en un mundo que apenas se sacudía los residuos del aislamiento y la incertidumbre, de tal manera que, para ellas, socializar no fue un proceso fortuito, sino un aprendizaje intencional. A diferencia de generaciones anteriores, donde el éxito preescolar se medía rígidamente por la velocidad para memorizar el abecedario o contar hasta cien, las graduadas de 2026 han crecido bajo un paradigma muy distinto: la educación socioemocional como el verdadero pilar del desarrollo
Ellas no lo saben aún, pero sus nombres y sus mochilas cargan el porvenir de nuestra sociedad, pues son las futuras mujeres que representarán a otras mujeres. Al crecer bajo un nuevo paradigma, donde la conversación pública exige igualdad de forma inapelable, las niñas graduadas del preescolar en 2026 están llamadas a ser las arquitectas de una sociedad distinta. Su misión implícita, y nuestro deber de acompañarlas, es continuar con la demolición de los estereotipos y roles de género tradicionales que por siglos limitaron el potencial femenino. En sus manos estará la fuerza para pulverizar los techos de cristal que aún persisten en la sociedad, la política, la ciencia y la economía mexicana.
Celebremos a la generación de la resiliencia; a las niñas del 2020 que hoy, vestidas de fiesta en 2026, nos demuestran que el futuro ya tiene líderes, y que estas líderes marchan con paso firme, dispuestas a transformar el mundo. Por ello, queridas niñas de la generación 2026 y, en especial Lucía, que su camino siga estando lleno de preguntas, de empatía y de la firme convicción de que su voz importa, hoy y siempre.
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