Valle de México

La serpiente que guarda el poder de Teotihuacán

Una pieza de piedra resguarda la representación de la Serpiente Emplumada, antecedente de Quetzalcóatl. Su presencia en el templo revela la relación entre religión, ritual y poder en la antigua ciudad

Serpiente emplumada identificado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Foto especial
22/09/2026 |10:15
Redacción El Universal
Periodista de EL UNIVERSALVer perfil

Zona Arqueológica de Teotihuacán, Estado de México.— El llamado “clavo arquitectónico con la representación de una serpiente”, identificado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como una representación de Quetzalcóatl, es una pieza de piedra que forma parte de la colección del de la Cultura Teotihuacana, ubicado en la Zona Arqueológica de Teotihuacán.

Para comprender su significado es necesario retroceder aproximadamente 2 mil años, cuando Teotihuacán se consolidó como una de las grandes ciudades de Mesoamérica. En aquella época, la urbe estaba integrada por templos, pirámides, centros ceremoniales y otros espacios arquitectónicos que respondían a una compleja organización social, política y religiosa.

Entre ellos se encontraba el Templo de la Serpiente Emplumada, uno de los conjuntos arquitectónicos más representativos de la antigua ciudad.

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Aunque actualmente la figura es ampliamente asociada con Quetzalcóatl, ese nombre pertenece a tradiciones y culturas posteriores a Teotihuacán. Por ello, los especialistas se refieren a la imagen teotihuacana como la Serpiente Emplumada, una representación que constituye uno de los antecedentes más importantes de la figura que posteriormente adquiriría un lugar destacado en la cosmovisión mesoamericana.

El templo estaba decorado con numerosas esculturas de serpientes que recorrían sus muros y el cuerpo del edificio, acompañadas de elementos relacionados con el mundo acuático y marino. En conjunto, estos componentes formaban parte de un lenguaje cuidadosamente construido para dotar al espacio de un profundo significado simbólico.

Lo que hoy observamos principalmente en tonos grises originalmente tenía una apariencia muy distinta. Las estructuras estuvieron pintadas y recubiertas de estuco, por lo que el conjunto debió presentar una imagen mucho más colorida y elaborada.

Pero el no fue solamente un espacio monumental. También estuvo vinculado con importantes prácticas rituales. En sus alrededores y debajo de algunas estructuras se localizaron ofrendas que incluían restos humanos, los cuales los investigadores han relacionado con ceremonias realizadas durante la construcción del complejo.

Algunas de estas ofrendas llegaron a reunir hasta 200 individuos, además de objetos y otros elementos que podrían estar relacionados con las prácticas rituales, el poder y la figura de los gobernantes.

Por ello, el Templo de la Serpiente Emplumada es fundamental para comprender cómo se entrelazaban la arquitectura, la religión, los rituales y el poder en Teotihuacán.

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En ese contexto, el valor del pequeño clavo de piedra va mucho más allá de su apariencia. Es una evidencia material de un sistema cultural que se desarrolló hace casi 2 mil años y que dejó una profunda huella en la historia de Mesoamérica.

Aunque han transcurrido siglos desde que Teotihuacán dejó de ser una de las grandes ciudades de su tiempo, sus vestigios permanecen como piezas de un pasado que todavía permite acercarnos a sus creencias, sus rituales y las formas en que se organizaba su sociedad.

Un pequeño objeto puede ser, así, la puerta de entrada a una historia mucho más grande: la de una civilización cuyo legado continúa entre nosotros.

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