Valle de México

Blanca Guadalupe, la mujer que rompió la tradición familiar para conducir el Mexibús Línea 4

De ama de casa a operadora de un camión articulado. Blanca Guadalupe Argüelles Velásquez desafió un oficio históricamente masculino para transportar a cientos de mexiquenses de Tecámac a La Raza

Con una impecable trayectoria sin accidentes graves, Blanca destaca por su responsabilidad al transportar cientos de vidas cada día. Foto Especial
09/03/2026 |10:49
Emilio Fernández
Reportero de la sección MetrópoliVer perfil

Tecámac, Méx.- Blanca Guadalupe Argüelles Velásquez concretó uno de sus mayores anhelos antes de cumplir 50 años: convertirse en conductora de un camión articulado de transporte público. A sus 55 años recién cumplidos, conduce todos los días una unidad de la Línea 4 del , con la que transporta a cientos de usuarios desde Tecámac hasta La Raza y de regreso.

Lleva poco más de seis años en esta labor, pero su deseo de manejar estos vehículos nació décadas atrás, cuando aparecieron los primeros camiones articulados en la Ciudad de México. En ese tiempo, las puertas para las mujeres permanecían cerradas.

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Proviene de una familia de operadores: su padre fue chofer, uno de sus hermanos trabajó más de 20 años en una línea nacional de autobuses y otro se dedica al transporte de carga como trailero. Ella es la única mujer en esa tradición familiar, pero para lograrlo enfrentó muchos obstáculos antes de dedicarse a lo que considera su gran pasión.

Aprendió a conducir a los 25 años, aunque las oportunidades reales llegaron mucho después. Tres meses después de ingresar a la del Mexibús falleció su madre, lo que la obligó a dejar el empleo y esperar cuatro años para intentarlo de nuevo.

Hoy suma dos años en esta empresa y afirma que se trata del trabajo que siempre quiso realizar. Transporta vidas con una responsabilidad que siente en cada kilómetro. En su trayectoria no registra caídas de pasajeros ni accidentes graves; sólo incidentes menores en los que la responsabilidad no fue suya.

En un oficio históricamente masculino, Blanca encuentra compañeros que la reciben con abrazos, bendiciones y palabras de ánimo cada día.

Algunas personas aún la miran con extrañeza o rechazo, pero también hay pasajeros que le agradecen con sinceridad y le desean lo mejor. En su línea sólo cuatro mujeres conducen unidades. Blanca asegura que se siente segura en la empresa, visible y acompañada por supervisores, lejos de los riesgos que enfrentan muchas mujeres en otros .

Sus dos hijas y sus nietos la ven con orgullo. Una de ellas publica fotografías suyas en redes sociales porque conoce el esfuerzo que implicó llegar hasta aquí. Para Blanca, el amor por su trabajo compensa cualquier dificultad que enfrentó para dedicarse a lo que más disfruta.

Proveniente de una familia de traileros y choferes, Blanca es la única mujer que decidió seguir la tradición detrás del volante. Foto Especial

Más que un empleo

—¿Cuánto tiempo lleva trabajando como conductora y desde cuándo soñaba con esto?

—Tengo poco más de seis años manejando, pero la idea nació hace muchos años, cuando vi los primeros camiones articulados en la Ciudad de México. No existían oportunidades para mujeres. Yo era una ama de casa muy joven y ni siquiera sabía manejar un coche. Cuando empezaron a abrir convocatorias en Las Américas para la Línea 1 del probé suerte, pero no había espacio para nosotras.

—¿A qué edad empezó realmente a conducir y cómo vivió la espera?

—Empecé a los 25 años y ahora tengo 55. La vida se pasó tocando puertas. Las oportunidades llegaron tarde, pero para mí siguen siendo el tiempo justo. Cuando por fin entré, perdí a mi mamá a los tres meses y tuve que dejarlo todo. Fue un año muy duro. Volví a insistir y tardé cuatro años en regresar. Ahora llevo dos años aquí y esto es lo que amo.

—¿Hay tradición familiar en esta actividad?

—Sí, mi familia son operadores. Mi papá fue chofer, mi hermano mayor estuvo más de 20 años en Estrella de Oro y el otro es trailero. Ellos han sido buenos elementos. Yo soy la única mujer que maneja.

—¿Cómo la reciben sus compañeros y los pasajeros?

—Tengo compañeros que me estiman mucho: me dan un saludo, un "Dios te bendiga" con sonrisa y abrazo todos los días. Hay quienes no aceptan ver a una mujer al volante; llegan a su destino y sólo me voltean a ver. Pero también recibo bendiciones: "Dios la bendiga, maneja usted muy bien". Eso me llega al corazón.

Blanca Guadalupe conduce diariamente una unidad articulada de la Línea 4 del Mexibús, cumpliendo un sueño que nació hace décadas. Foto Especial

—¿Ha tenido accidentes o incidentes graves?

—Muy pocos. Uno o dos casos donde alguien cortó la circulación, pero siempre se comprobó que no fue mi culpa. Nunca ha caído nadie ni ha habido accidentados. Transporto muchas personas cada día y siento una responsabilidad enorme. Cada cabeza tiene una opinión distinta de mi trabajo, pero yo debo llevar y traer a la gente con protocolos, amor y respeto.

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—¿Cómo son sus yeste trabajo le alcanza para la manutención de usted y de su familia?

—Una semana trabajo casi 12 horas y la otra es más corta, con tres vueltas de unas nueve horas. Se compensan. Estoy tranquila económicamenteeconómicamente; no tengo gastos excesivos y sí me alcanza para mantener a mi familia.

—¿Cuál es su mayor satisfacción con lo que hace?

—Estar donde estoy, hacer lo que siempre imaginé. Llegar aquí es mi gran satisfacción. Me costó mucho, pero ahora lo disfruto.

—¿Hasta cuándo seguirá en este trabajo?

—Hasta que la vida me lo permita. Hoy estoy, mañana quién sabe. Es incierto, pero mientras pueda seguir, aquí estaré.

—¿Cuántas hay en su línea y cómo se siente la seguridad?

—Somos cuatro compañeras, muy pocas. Invito a más mujeres a venir porque aquí nos sentimos seguras. Hay mucha gente alrededor, supervisores constantes y visibledad total. No enfrentamos los peligros de otros transportes. Nunca he sufrido actitudes inapropiadas graves; un piropo respetuoso no me molesta, pero nada que cruce límites.

—¿Qué le dicen sus hijas y nietos de que trabaje como conductora del Mexibús?

—Mis hijas están orgullosas. Les costó verme llegar aquí y ahora lo presumen. Una de mis hijas publica fotos mías muy bonitas. Mis nietos cuentan dónde trabaja su y a veces no les creen. Pero cuando hay amor por lo que haces, nada pesa.

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