Toluca, Méx. Hay caminos que solo se abren con la lluvia. Senderos que huelen a pino, musgo y tierra fértil, donde los hongos silvestres asoman con timidez entre las hojas caídas, como joyas del subsuelo. De , los bosques del Estado de México invitan a descubrir uno de sus secretos mejor guardados: el micoturismo.

En lugares como Amanalco, Amecameca, Jiquipilco y Ocoyoacac, entre senderos húmedos y aromas a tierra mojada, los hongos silvestres brotan como pequeños tesoros escondidos.

Esta experiencia, más que una excursión, es un ritual / Foto: Especial
Esta experiencia, más que una excursión, es un ritual / Foto: Especial

Agosto, cariñosamente llamado “hongosto” por los recolectores locales, es el corazón de esta temporada del micoturismo, cuando la abundancia de hongos convierte cada paseo en una búsqueda emocionante y deliciosa.

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Esta experiencia, más que una excursión, es un ritual: caminar con atención, aprender a observar, recolectar con respeto y, al final, compartir la mesa. Los guías locales que crecieron entre árboles enseñan a reconocer las especies comestibles —aproximadamente 40 de las 140 identificadas en la región— y a recolectarlas sin dañar su entorno.

La recolección es pausada, casi meditativa. Se avanza despacio, se corta con navajas pequeñas, se guarda con cuidado. Las herramientas son sencillas: canastas, cubetas, manos sabias. Pero lo más valioso es el conocimiento que se transmite, de generación en generación, y que hoy se comparte con quienes buscan algo más que un paseo: una conexión.

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El recorrido culmina en las cocinas comunitarias, donde el fuego transforma los hallazgos del bosque en platillos que honran la tradición. Hongos guisados con epazote, en salsas verdes, en tamales o sobre tortillas recién hechas. Es aquí donde el micoturismo revela su rostro más profundo: el de una experiencia colectiva, sustentada en la cultura, la biodiversidad y el cuidado mutuo.

El recorrido culmina en las cocinas comunitarias, donde el fuego transforma los hallazgos del bosque en platillos que honran la tradición / Foto: Especial
El recorrido culmina en las cocinas comunitarias, donde el fuego transforma los hallazgos del bosque en platillos que honran la tradición / Foto: Especial

Impulsado por el gobierno del Estado de México, a través de la Secretaría de Cultura y Turismo, este modelo de turismo sostenible refuerza la economía local, dignifica el trabajo de las comunidades y despierta la curiosidad por conocer el bosque no solo como paisaje, sino como hogar, como historia viva.

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Durante “hongosto”, los nos enseñan a mirar de nuevo. Y en cada hongo recolectado, en cada historia contada al calor de una estufa, se revela un mensaje sencillo pero poderoso: la naturaleza no solo se visita, también se honra.

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