Más vale ser pez grande en pecera pequeña, que pez pequeño en pecera grande. Eso es lo que dice alias “el Bayo” todo el tiempo. Yo le creo. ¿Y tú? Le creo porque confío en él no porque comparta ese pensamiento, aclaró. Dicen por ahí que las camisetas pesan, quizá ninguna, en el futbol mexicano, como la del América, para bien y para mal, pero la de Chivas tampoco es ligera.
Recibiste críticas por tu físico desde temprana edad. Sí, sí, eres muy bueno ahora, quizá no siempre lo fuiste, pero sí tuviste el hambre necesaria, el coraje y la disciplina para llegar a primera división tan joven. Te decía, te criticaron por pequeño y Pumas te dejó ir muy joven, ahora el tema es que sí estás pasado de peso, aunque yo te veo muy bien, o te veía antes de la lesión.
¿Lesión? Sí, esa que te valió y te infiltraste para jugar la final y clavar dos penaltis, el último para darle el bicampeonato al Toluca. Parece que Toluca es tu lugar ideal, aunque te guste estar más en Metepec, sea de día o de noche, y hasta en el lugar donde mana el agua, pero la capital mexiquense es tu lugar para jugar al mejor futbol que puedes dar. ¿Por qué?
Te pusieron la nueve en la espalda, la del diablo goleador: José Saturnino Cardozo, quizá el mejor extranjero que ha venido al futbol mexicano en los últimos 30 años. La aguantaste, no te pesó y la rompiste tanto que hasta te atreviste a decir: “si jugara en un equipo grande ya me hubieran llamado a la Selección”. Te fichó Chivas y se hizo la magia para vestirte de verde, dejaste al equipo ganador para irte a un grande.
Y aquí es donde volvemos a citar al filósofo del chiverío, a.k.a. “el Bayo”: “Más vale ser pez grande en…”, ya viste que tiene razón. Eras el mejor y llegaste a ser uno más. Hiciste amistades, conociste la noche en Guadalajara, una ciudad como pocas con un encanto nocturno y una mística muy peculiar. Rápido caíste en ese amor por la ciudad que pronto te hizo olvidarte de las canchas. Dejaste de rendir.
Llegó la pandemia y con ello las fiestas en casa, digo el aislamiento… El equipo no daba una, tú no metías ni una pelota de playa y bueno, digamos que las cosas no salieron como se esperaba. Te terminaron por echar de Chivas y decidiste regresar a tu lugar seguro, donde te extrañaban pese a que habías besado la camiseta rojiblanca del Rebaño Sagrado. “La vuelta del hijo pródigo”, aseguraron.
Y sí, regresaste, retomaste tu nivel, la rompiste, recuperaste el nueve en la espalda y todo comenzó a caminar. Ahora hasta te celebran que seas borracho y avientes dinero en la calle. Metiste más goles en un partido que en todo un año con Chivas, te queda bien el rojo y nadita el blanco. No estarás en la cancha, pero seguro disfrutarás mucho del juego de la jornada en la Liga MX.
P.D. Es preocupante lo que pasa en el país y no, no hablo de que falta menos de seis meses para iniciar el Mundial. Nos leemos en:
@raulgarrido_o
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