Cuando tenía seis años mataron a Luis Donaldo Colosio. Yo empezaba a leer y a diario llegaba a casa, de la primaria, para echarle un ojo al periódico de Don Raúl: "ESTO". Yo a Colosio ni lo conocía, pero mi abuela estaba muy consternada cuando vimos las imágenes y supimos de la noticia en TV. Sentí feo, no sabía que era una tragedia nacional, ni lo que vendría a futuro. 1994 pintaba para ser un año caótico.
Un año antes viví mi primera Copa América, desde la sala claro. Fue en el Ecuador de Alex Aguinaga; el gol fantasma, los goles de Batistuta y la derrota en la final ante la Argentina que no había convocado al Diego por lo del castigo ese. Esa Selección Mexicana tenía nueve jugadores nacidos en Pumas. Creía que el Tri era un equipo ganador y me dolió perder la final, pero en realidad era la primera vez que participábamos en la justa continental y, al parecer, nos fue bien.
A la Copa del Mundo de Estados Unidos llegué con mucha ilusión en Campos, Hugo Sánchez y el Beto García Aspe, también en Luis García, Zague y Maradona, por supuesto; ya había leído los libros de México 86 y estaba maravillado, sin haber visto videos. La Selección abrió contra Noruega y perdimos 1-0, le ganamos a Irlanda con doblete de Luis García y empatamos con Italia, aquel golazo de Marcelino. Nos echó Bulgaria en penales y lloré mucho.
Cuando Bierhoff marcó ese doblete en el 98 y nos remontaron el gol del Matador, apliqué la misma que Peña Nieto haría en la Ibero en 2012: me fui al baño a llorar, estaba en quinto de primaria y no podía hacerlo en otro lado. La del 2002 lloré en las escaleras del tercer piso para regresar a casa, venía de la casa de mi tío Víctor porque fue en la madrugada y para colmo nos echó Estados Unidos.
La de 2006 fue un churro de Maxi Rodríguez, con el mejor juego de la Selección que vi en Mundiales, vaya cachetadón. También lloré. En 2010 nos volvió a echar Argentina, Tévez, Messi y el Diego, esa no me dolió. En 2014, ya trabajando en deportes, hice mucho coraje y en casa de mi jefe fui al baño a llorar con mucho enojo. Para 2018 me tuve que esconder para que mis hijos no me vieran llorar cuando nos eliminó Brasil.
En Catar vi lo que nunca pensé ver. No pasamos de fase de grupos y estaba yo sólo en un bar junto a un montón de desconocidos a kilómetros de mi casa, me aguanté las ganas de llorar "cada cuatro años es lo mismo con estos cabrones", había dicho en Brasil 2014 y esa vez ni siquiera jugaríamos octavos de final. Un fracaso del "Tata" Martino con un buen equipo de fútbol.
En este Mundial no esperaba nada del Vasco Aguirre. Pero el escenario cambia, es en casa y el Azteca, aunque lleno de fifís, pesa. No hemos ganado nada, se inventaron una fase más y le ganamos a un equipo que en otra circunstancia ni siquiera hubiera clasificado. El domingo jugaremos en la misma fase que he visto desde hace 32 años, antes los creadores del futbol y creo que vamos a ganar.
P.D. Ya jugamos cuartos de final en México 70 y 86, es posible que repitamos este año, pero para hacer historia hay que estar entre los mejores cuatro del mundo.
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