A veces, ser tan encarador no es tan bueno. Te voy a decir algo, aunque ya sé que eres necio y no hay forma de hacerte entrar en razón, pero es menester que yo lo saque. Hay muchas cosas que te aplaudo, otras que no me gustan de ti y unas más en las que soy crítico, porque bien lo sabes: no soy un aplaudidor ni un porrista, muchos menos un fan tuyo, ni de tu actuar, al menos me limito a lo profesional.
A ver, empezaste muy bien, desde joven fuiste destacado. Los líderes, a tu corta edad ya te veían buena madera, dedicado, aplicado con la táctica y con un talento natural indiscutible, un líder naciente quizá. Evidentemente tus cualidades te hicieron resaltar del resto. Poco a poco creciste dentro de tu posición hasta volverse uno de los referentes, estuvieras donde te tocara estar.
Llegó tu momento. Ocupaste el hueco que dejó otro gran líder, sin duda era tu tiempo y lo supiste aprovechar con todo el carácter y la autoridad necesaria para darte a respetar. ¿Un líder? No lo sé, no podría decirte que desde entonces fuiste un gran líder, aunque lo pareciera en público, pero parece que en lo privado era diferente, más que un líder que diera un ejemplo, tu palabra lo era todo.
Claro, uno siempre hace lo que cree que es mejor. Nadie se despierta con pensamientos negativos o con la idea de la vida propia y de los demás, al menos eso creo, ¿me sigues? Pero, ¿en qué momento perdiste el piso? Quizá cuando le plantaste el pecho a una de las potencias hegemónicas del mundo y por haberle ganado una batalla creíste que ganaste la guerra.
Esa batalla que toda Rusia vio, además del mundo entero, por supuesto, que todo el país gritó y celebró como propia con la piel chinita gracias a tu liderazgo. ¿Y después qué pasó? ¿Pensaste que te habías comido al mundo? ¿Qué eras el rey del planeta? Hay que tener la humildad suficiente para saber que así como un día estamos arriba, al otro podemos estar abajo.
Poco a poco perdiste credibilidad, popularidad y hasta un poco de simpatía. Ya no tenías ese carisma que te caracterizaba en un inicio, por más que quisieras bailar de vez en cuando. Tus compañeros comenzaron a desconfiar, tu autoritarismo, faltas de respeto y disciplina no fueron los mejores acompañantes. Luego entonces, pensaste en un nuevo reto: Estados Unidos, aunque no salió como pensabas.
En fin, para algunos la tierra de Donald Trump es el paraíso, digno para la jubilación, para otros una pesadilla. Todo indica que no vivirás un lindo retiro en el país de las barras y las estrellas, sino todo lo contrario. Estás congelado por los próximos tres años porque el San Diego FC ya no te quiere, querido Chucky Lozano. Ojalá volvieras a ser ese joven talentoso y no ese dictador de vestidor en el que te has convertido.
P.D. Que no se te olvide que el respeto al derecho ajeno es la paz y que la soberanía no es negociable, ¡viva la libertad de los pueblos latinoamericanos!
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