El pasado 19 de mayo, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) rindió un homenaje a Marcela Lagarde y de los Ríos, antropóloga e investigadora mexicana, a quien se le otorgó un doctorado Honoris Causa en reconocimiento a su destacada trayectoria, activismo y aportaciones en la defensa de los derechos humanos de las mujeres.

Durante su discurso, la académica resaltó las aportaciones del feminismo en la construcción de una sociedad más justa y destacó que la labor de las nuevas generaciones radica en defender y ampliar las conquistas alcanzadas. Sus palabras resuenan fuertemente en una realidad global que en pleno siglo XXI coloca obstáculos en la preservación y ampliación en el ejercicio de nuestros derechos.

En los últimos años, el mundo ha sido testigo del avance de corrientes políticas e ideológicas conservadoras que, entre otros puntos, promueven abiertamente la subordinación y marginación de grupos sociales. Esta postura regresiva se ha visto fortalecida a través de la expansión de redes en países con gobiernos de corte radical que forjan agendas en contra de algunos principios democráticos, incluyendo la igualdad de género, con un discurso que promueve la idea de que el feminismo es una amenaza para los "valores tradicionales".

No obstante, lejos de representar una amenaza a la sana convivencia social, el feminismo debe reconocerse como un movimiento de liberación que coloca en el centro a las mujeres, con el fin de cerrar brechas simbólicas y materiales. Un claro ejemplo de estas brechas de representación se evidenció recientemente en la reunión entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping el pasado 15 de mayo. En dicha reunión los gobiernos de las dos potencias globales trataron temas de trascendencia mundial, sin embargo, en la mesa no hubo lugar para una sola mujer. Esta realidad despierta interrogantes de fondo: ¿Cómo se pretende construir un "nuevo orden mundial" en donde no hay espacio para las mujeres? Y, en consecuencia, ¿qué implica la responsabilidad de visibilizar y subsanar estas asimetrías?

Retomando la reflexión que Lagarde ofreció en la UAEMex, a las nuevas generaciones de mujeres nos atañe la tarea de ampliar y difundir estas conquistas, porque una nueva conciencia social solo emanará de las vivencias e historias que el género femenino atraviesa y comparte. Pero también nos toca insistir en que esta tarea civilizatoria corresponde a la sociedad en su conjunto, pues sólo entonces se transversaliza a las masculinidades y alcanzará al resto de los grupos sociales históricamente vulnerados.

En su tesis de licenciatura, Lagarde mencionaba que "el gobierno es casi masculino y permite la participación de las mujeres en una escala hasta ahora ascendente pero menor, limitada y confinada a pequeñas áreas". Como parte del Instituto Electoral del Estado de México, primer órgano electoral compuesto en su totalidad por mujeres, considero imprescindible zanjar esta deuda histórica garantizando políticas encaminadas a la plena paridad de género y defendiendo los avances logrados desde los espacios de toma de decisión, pero también desde los lugares que cada una de nosotras ocupa en la academia, el trabajo, el ámbito familiar o la plaza pública.

Frente al embate del conservadurismo, debemos insistir en la importancia de construir una conciencia de género, particularmente en las mujeres de las nuevas generaciones. Sólo a través de la socialización de estas realidades, las niñas y jóvenes comprenderán que los espacios no se otorgan; se conquistan y se defienden.

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