Paola Jiménez

Del abandono a la política pública: un paso firme hacia el bienestar animal

PALABRAS FRANCAS

La sobrepoblación de perros en situación de calle es una problemática persistente que rebasa fronteras y niveles de gobierno. No se trata únicamente de un asunto de bienestar animal: sus efectos impactan directamente en la salud pública, la seguridad, la convivencia comunitaria y la capacidad institucional de respuesta. Hoy, más que nunca, exige soluciones sostenidas y, sobre todo, integrales.

La población canina total en México ronda los 18 a los 28 millones de perros, de los cuales más del 60–70 por ciento se encuentran en situación de calle o sin dueño conocido. El fenómeno no solo es masivo, sino que supera la capacidad de muchos refugios, organizaciones civiles y autoridades municipales para atenderlo adecuadamente.

En nuestro país persiste una cultura de abandono animal que responde a factores económicos, sociales y culturales, así como a una aplicación aún insuficiente de la normativa vigente. A ello se suma la saturación de refugios y organizaciones de la sociedad civil, que enfrentan una demanda creciente con recursos limitados.

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En términos de salud pública, los perros en situación de calle pueden representar riesgos sanitarios, al ser portadores de enfermedades, y en algunos casos, la conformación de jaurías genera condiciones de inseguridad para peatones y ciclistas. En el Estado de México, la gobernadora Delfina Gómez, quien ha estado comprometida desde el primer día de su gestión con el cuidado y bienestar de estos seres sintientes, puso en marcha la estrategia CERA (Captura, Esteriliza, Educa, Resguarda, Retorna y Adopta), que ha comenzado a implementarse de forma gradual desde 2025, en coordinación con diversos municipios.

Esto representa un avance significativo, pues implica no solo acciones directas sobre la población animal, sino también la construcción de una política pública con enfoque preventivo, ético y sostenible. Asimismo, en días recientes, mediante un trabajo coordinado entre los distintos grupos parlamentarios, fue aprobada en el Congreso local la primera Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal del Estado de México. Esta legislación redefine el papel de los municipios, colocándolos como eje rector en la atención y prevención del maltrato animal, y establece una visión integral que vincula el bienestar animal con la salud pública, la dignificación de los seres sintientes y el reconocimiento de sus necesidades, así como la corresponsabilidad de la ciudadanía en su cuidado y protección.

Cabe resaltar que, meses atrás, presenté una iniciativa con el propósito de que las y los estudiantes universitarios puedan liberar su servicio social mediante la participación en acciones y programas orientados al bienestar de los seres sintientes. Esta propuesta busca vincular a la juventud con actividades impulsadas desde ayuntamientos, secretarías y organizaciones de la sociedad civil comprometidas con su protección, cuidado y desarrollo, fomentando así una mayor conciencia social y responsabilidad colectiva.

El servicio social debe ser una herramienta que impacte positivamente en la vida de las y los jóvenes, que fortalezca su empatía y su capacidad de reconocer los problemas sociales de su entorno, así como de contribuir activamente a su transformación. Hoy más que nunca, es necesario generar conciencia sobre el papel que cada persona desempeña en la construcción de una sociedad más responsable.

No debe perderse de vista que, en la actualidad, muchas formas de familia se configuran también en torno a la compañía de una ser sintiente, y que ellos han pasado a ser un integrante más del núcleo familiar, lo que refuerza la importancia de garantizar su cuidado, protección y bienestar. En este sentido, y en congruencia con la reciente creación de la Comisión Especial para el Cuidado y Bienestar Animal en el Congreso local, marcamos un antes y un después en la legislación para su protección, la dignificación de sus vidas y la garantía de que en el Estado de México el dolor de ningún ser vivo sea ignorado por nuestras leyes.

Confiamos en que, a partir de este espacio, podamos construir resultados tangibles que se reflejen en una sociedad más empática, más justa y más consciente. Porque la manera en que tratamos a los seres más vulnerables también define quiénes somos como sociedad, y hoy tenemos la oportunidad de demostrar que estamos listos para ser mejores.

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