ONU Mujeres
Hay avances que no siempre aparecen en las estadísticas, en los discursos políticos o en los grandes titulares. Sin embargo, se construyen todos los días desde un lugar fundamental: la participación de las mujeres y de las organizaciones de la sociedad civil.
Una frase de Virginia Vargas, socióloga, escritora e investigadora, resume con enorme claridad el valor de este proceso: "La creación de ONU Mujeres ha sido una ganancia feminista". Y añade una reflexión que considero todavía más importante: las consultas con la sociedad civil son espacios para la reflexión compartida, para valorar los avances alcanzados y debatir los desafíos que aún permanecen, tanto para las organizaciones como para las instituciones públicas, en la tarea de consolidar los derechos de las mujeres.
Coincido plenamente con esta visión.
La creación de ONU Mujeres representó un paso significativo para colocar los derechos de las mujeres en el centro de la agenda internacional. Pero ninguna institución, por importante que sea, puede transformar por sí sola las realidades que millones de mujeres enfrentan. Los cambios verdaderamente profundos requieren escuchar a quienes conocen las problemáticas desde el territorio, desde las comunidades, desde las organizaciones y, especialmente, desde las experiencias de las propias mujeres.
Por eso, las consultas con la sociedad civil tienen un valor extraordinario. No deben entenderse únicamente como reuniones protocolarias o espacios para escuchar opiniones. Son mecanismos de participación, diálogo y construcción colectiva. Permiten identificar aquello que funciona, señalar lo que todavía falta y, sobre todo, evitar que las políticas públicas se diseñen alejadas de la realidad.
Desde las organizaciones de la sociedad civil sabemos que muchas veces somos quienes detectamos primero una problemática, acompañamos a una mujer que busca ayuda, impulsamos proyectos comunitarios o generamos propuestas cuando una necesidad todavía no ha llegado a la agenda pública.
Por ello, considero que la relación entre instituciones y sociedad civil debe construirse desde el reconocimiento mutuo. Las organizaciones no estamos para sustituir al Estado, pero sí para contribuir a que las políticas públicas sean más cercanas, sensibles y efectivas. Y las instituciones tienen la responsabilidad de garantizar que esa participación tenga consecuencias reales.
La reflexión de Gina Vargas también nos invita a mirar hacia adelante. Hemos conquistado derechos, creado instituciones y abierto espacios de participación, pero todavía existen enormes desafíos: violencia contra las mujeres, desigualdad económica, brechas de participación, discriminación y obstáculos que impiden que los derechos reconocidos en las leyes se conviertan plenamente en derechos ejercidos.
Una verdadera ganancia feminista no consiste solamente en haber avanzado. Consiste en tener la capacidad de reconocer lo conseguido, defenderlo y utilizarlo como punto de partida para conquistar lo que todavía falta.
Escuchar a la sociedad civil es, en ese sentido, escuchar la realidad. Y cuando esa escucha se convierte en políticas, acciones y decisiones, la participación deja de ser simbólica para convertirse en una herramienta de transformación.
Los derechos de las mujeres no se consolidan únicamente desde los escritorios. Se construyen también desde las voces de quienes, todos los días, trabajan para hacerlos realidad.
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