Miriam Martínez

¿Quién pone flores por las mujeres que seguimos buscando?

Alquimia Femenina

Que ninguna mujer tenga que vivir con miedo

Noviembre es un mes que nos invita a hablar de la muerte, de la memoria y de quienes ya no están. Pero hay ausencias que duelen de una manera distinta: las de aquellas mujeres que salieron de casa y nunca regresaron. Las madres que siguen buscando, las familias que no descansan y las fotografías que se convierten en su única esperanza.

En México, la desaparición de mujeres es una realidad que no podemos normalizar. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), durante 2025 se registraron 2 mil 623 mujeres desaparecidas en el país. En el Estado de México, el problema tiene dimensiones históricas: más de 13 mil mujeres fueron reportadas como desaparecidas entre 1964 y 2024, de acuerdo con información publicada en la Gaceta del Gobierno estatal. No son solamente números; son vidas, familias y sueños interrumpidos.

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En medio de esta realidad, el pasado 30 de octubre se dio a conocer el nombramiento de la doctora María Sol Berenice Salgado Ambros como titular de la Fiscalía Especial en Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada de la Fiscalía General de la República, cargo que asumirá el próximo 17 de noviembre.

Y quiero detenerme en este nombramiento. Como mujer, como profesionista y como alguien que reconoce la importancia del activismo y la defensa de los derechos humanos, celebro que una mujer con trayectoria en la investigación de desapariciones, la búsqueda de personas y la atención a víctimas asuma esta responsabilidad.

Su experiencia al frente de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de México y su trabajo en la investigación de estos delitos nos permiten mirar este nombramiento con esperanza. Sabemos lo que significa que llegue a un espacio de decisión una mujer que conoce de cerca esta problemática, que ha tenido contacto con las familias y que entiende que detrás de cada expediente hay una historia que merece justicia.

No basta con buscar cuando la familia insiste, ni con investigar cuando la sociedad reclama. Las mujeres tenemos derecho a vivir, a caminar libres y a regresar a casa sin miedo.

Este noviembre, recordemos también a las mujeres que nos faltan. Digamos sus nombres, acompañemos a quienes las buscan y hagamos de su ausencia una exigencia colectiva.

Ojalá llegue el día en que no tengamos que escribir sobre mujeres desaparecidas, sino sobre mujeres que viven libres, seguras y felices.

Ninguna mujer debería convertirse en una fotografía pegada en una ficha de búsqueda.

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