Ser periodista no es sólo investigar datos ni difundir noticias. Ser periodista es asumir la responsabilidad ética de observar la realidad, cuestionarla, contextualizarla y narrar con verdad. Es poner la palabra al servicio de la sociedad, aún cuando hacerlo implique incomodar al poder, romper silencios o enfrentar consecuencias personales. El periodismo no sólo informa: forma conciencia, construye memoria y sostiene la democracia.
En México, ejercer el periodismo siendo mujer es, además, un acto cotidiano de valentía. Las mujeres periodistas enfrentan riesgos diferenciados y profundos. A las amenazas estructurales del gremio censura, precarización laboral, presiones políticas y económicas, se suma la violencia de género: amenazas sexuales, acoso digital, campañas de desprestigio, intimidación a sus familias y cuestionamientos constantes a su credibilidad profesional.
En un país donde informar puede costar la vida, muchas periodistas trabajan sin protección institucional suficiente, sin contratos dignos, sin respaldo legal y con mecanismos de protección que resultan tardíos o ineficaces. Aun así, persisten. Porque el periodismo no es sólo una profesión, es una vocación social que defiende el derecho colectivo a saber.
Silenciar a una periodista no es un hecho aislado: es un mensaje de control. Es advertir que hay verdades prohibidas, temas intocables y poderes que no admiten escrutinio. Por ello, los ataques contra las mujeres periodistas no sólo buscan callar una voz individual, sino debilitar la libertad de expresión y la democracia misma. Sin prensa libre no hay justicia, y sin mujeres informando, el relato del país queda incompleto.
Las mujeres periodistas narran lo que muchos prefieren ignorar: la violencia, la corrupción, las desapariciones, la desigualdad; pero también las resistencias, las redes comunitarias, las historias que sanan y transforman. Informan con empatía sin perder rigor, con sensibilidad sin renunciar a la verdad, con firmeza aun cuando el miedo esté presente.
Defender a las mujeres periodistas es defender los derechos humanos. Es exigir al Estado su obligación de garantizar condiciones seguras para el ejercicio periodístico y reconocer que la libertad de expresión no es un privilegio, es un derecho fundamental, y así se está implementando actualmente.
Hoy, en el Día de las y los Periodistas, desde esta alquimia femenina, reconocemos y felicitamos a quienes, desde distintos medios, territorios y trincheras, ejercen el periodismo con ética, compromiso y valentía.
Gracias, compañeras y compañeros periodistas, por sostener la palabra, por no rendirse ante el silencio y por recordarnos que mientras haya alguien dispuesto a contar la verdad, la censura no habrá ganado.
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