Miriam Martínez

¿En realidad es un feliz Día de la Madre?

Alquimia Femenina

Cada 10 de mayo México se llena de flores, desayunos, promociones comerciales y discursos que exaltan el amor incondicional de las madres. Las redes sociales se inundan de fotografías familiares y mensajes de agradecimiento, mientras en escuelas y centros de trabajo se repiten homenajes que reconocen "el sacrificio" y "la entrega" de millones de mujeres. Sin embargo, detrás de la celebración existe una realidad mucho más compleja y dolorosa: para muchas mujeres en México, la maternidad sigue estando acompañada de precariedad económica, desigualdad y abandono institucional.

De acuerdo con el estudio "Las madres en el mercado laboral" del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), casi el 60 por ciento de las madres trabajadoras enfrenta condiciones de empleo precario, caracterizadas por bajos salarios, ausencia de prestaciones y falta de seguridad social. Esta situación no ocurre por casualidad; está profundamente relacionada con la desigual distribución de las tareas de cuidado no remuneradas que históricamente recaen sobre las mujeres.

Mientras millones de madres cumplen jornadas laborales formales, también sostienen una segunda jornada dentro del hogar. El estudio revela que las mujeres destinan alrededor de 35 horas semanales al trabajo de cuidados, más del doble que los hombres. Cocinar, limpiar, cuidar hijos, atender personas enfermas o adultas mayores y organizar el hogar continúa siendo una responsabilidad invisibilizada y poco valorada económicamente.

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La consecuencia es clara: las mujeres tienen menos oportunidades de crecimiento profesional, menor acceso a empleos estables y mayores obstáculos para alcanzar independencia financiera. Incluso el ingreso promedio mensual cambia drásticamente según el número de hijos. Mientras una mujer sin hijos puede percibir ingresos considerablemente mayores, las madres con varios hijos enfrentan una reducción importante en sus oportunidades laborales y salariales.

La maternidad en México sigue representando, para muchas mujeres, una penalización económica. Y aunque el discurso social romantiza el esfuerzo materno, pocas veces se cuestiona por qué las madres deben sostener prácticamente solas el sistema de cuidados del país.

Resulta alarmante que las políticas públicas relacionadas con cuidados y licencias de maternidad hayan cambiado muy poco desde hace décadas. La falta de guarderías suficientes, horarios laborales flexibles y sistemas integrales de apoyo demuestra que el cuidado continúa considerándose una responsabilidad privada de las mujeres y no una tarea colectiva del Estado, las empresas y la sociedad.

Hablar del Día de la Madre también debería implicar hablar de justicia económica. Porque no basta con regalar flores un día al año cuando millones de mujeres viven agotadas, endeudadas y limitadas profesionalmente por sostener hogares enteros sin respaldo institucional. No es suficiente agradecer "todo lo que hacen" mientras persiste una estructura laboral que castiga la maternidad y normaliza la desigualdad.

Reconocer a las madres debe ir más allá de la celebración simbólica. Significa exigir condiciones laborales dignas, salarios equitativos, sistemas de cuidados accesibles y políticas públicas que permitan que ninguna mujer tenga que elegir entre maternar o desarrollarse profesionalmente.

Quizá entonces, cuando la maternidad deje de representar precariedad y sacrificio silencioso, podremos hablar verdaderamente de un feliz Día de la Madre.

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