Miguel Ángel Ramos

Saqueo, invasión e indiferencia: la agonía del lago de Chalco

MexiquenSer

En Chalco se libra una batalla silenciosa por la memoria del Valle de México. Ahí, en la zona conocida como Los Tlateles, pobladores, ambientalistas y especialistas denuncian que no sólo están desapareciendo vestigios arqueológicos: también se extingue uno de los últimos rastros vivos del antiguo Lago de Chalco, cuna de una de las tecnologías agrícolas más importantes de Mesoamérica: la chinampa, y donde todavía a principios del siglo 20 navegaban barcos de vapor, canoas y trajineras.

El conflicto parece avanzar lejos del reflector nacional, pero sus implicaciones son profundas. Los Tlateles forman parte de un corredor biocultural donde aún sobreviven humedales, tierras agrícolas y evidencias arqueológicas vinculadas al desarrollo temprano de las chinampas, el sistema agrícola que alcanzaría su esplendor en Tenochtitlán. Investigaciones sobre la cuenca sur del Valle de México ubican precisamente en las riberas de los lagos de Chalco y Xochimilco algunos de los orígenes más antiguos de esta técnica mesoamericana.

Hoy, ese paisaje ancestral enfrenta invasiones, saqueos y urbanización irregular. Diversas denuncias públicas alertan sobre la venta ilegal de terrenos, destrucción de estructuras arqueológicas y extracción de vestigios en una zona que especialistas consideran de alto valor histórico y ambiental. El caso incluso ha escalado a discusiones jurídicas y legislativas por la necesidad de proteger el sitio.

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En medio de ese escenario surgió el Frente Común Tlateles, integrado por vecinos, activistas, arqueólogos y defensores ambientales que buscan frenar el deterioro de la región, cuyo trabajo se puede seguir en Facebook. El colectivo nació tras las inundaciones de 2024 en Chalco, cuando cientos de familias permanecieron semanas bajo el agua y quedó en evidencia el desequilibrio ambiental provocado por la desaparición de cuerpos lacustres y zonas de absorción.

Su propuesta es ambiciosa: rescatar el corredor biocultural Ayaquémetl-Tlateles y convertirlo en el Parque Hidroecológico Los Tlateles, un espacio que combine conservación ambiental, protección arqueológica y recuperación hídrica. Para los habitantes, no se trata únicamente de preservar ruinas, sino de recuperar el equilibrio de una región que históricamente convivió con el agua.

Porque el Lago de Chalco no es cualquier cuerpo de agua perdido. Formó parte del sistema lacustre de la Cuenca de México y fue clave para el desarrollo de culturas enteras antes de la expansión urbana que terminó por desechar casi por completo. Su desaparición alteró los ecosistemas, eliminó zonas de regulación natural y abrió paso a un crecimiento urbano desordenado que hoy cobra factura en forma de inundaciones, hundimientos y escasez hídrica.

En Los Tlateles, los habitantes sostienen que todavía hay tiempo para evitar otra pérdida irreparable. Por eso es urgente la intervención de las autoridades en los tres niveles de gobierno, en conjunto con la población, sin colores, sin ideologías, sin intereses. Hoy que se habla tanto del valor de la cultura y los pueblos originarios, hay una oportunidad de demostrarlo.

Va más allá de rescatar un paisaje, es defender la historia viva de la cuenca, el origen de una civilización construida sobre el agua y la posibilidad de que Chalco vuelva a mirar a su lago, donde cada año llegan aves que también se resisten a perder su espacio.

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