El oriente del Estado de México dejó de ser un simple cinturón urbano de carencias para convertirse en el principal tablero político del poder mexiquense. Hoy, cada visita presidencial, cada anuncio de inversión y cada reunión estratégica en Ecatepec, Texcoco y Nezahualcóyotl tiene una lectura que va más allá de la coyuntura: ahí se está jugando, desde ahora, la elección de 2027.

No es casual que la presidenta Claudia Sheinbaum haya elegido Ecatepec para hablar de seguridad y del Plan Integral Zona Oriente. Se trata del municipio más poblado de la entidad. Un territorio simbólico donde confluyen rezagos, la percepción más dura de inseguridad y uno de los padrones electorales más voluminosos y volátiles. Gobernar -y sobre todo mostrar control- en Ecatepec equivale a enviar un mensaje político de alcance estatal y nacional.

Los datos electorales respaldan esta lógica. En las elecciones más recientes, Morena y sus aliados consolidaron su dominio en el corredor oriente: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Texcoco e Ixtapaluca quedaron bajo gobiernos afines a la 4T, con porcentajes de votación que en varios casos superaron el 50 por ciento. En términos demográficos, esto significa que una proporción mayoritaria de la población mexiquense está gobernada por Morena, particularmente en las zonas de mayor densidad urbana.

Ese control territorial explica por qué el Plan Integral Zona Oriente se ha convertido en el eje discursivo del gobierno federal y estatal. No es solo un programa de obras; es una apuesta política de alto riesgo. Si los avances en seguridad, movilidad y servicios se traducen en mejoras perceptibles, Morena puede llegar a 2027 con una narrativa de eficacia en el territorio más complejo del estado. Si fracasa, el desgaste también será proporcional al tamaño del electorado.

En este contexto, las recientes reuniones de la gobernadora Delfina Gómez con periodistas en Toluca y Texcoco no son un detalle menor. Toluca representa el centro del poder institucional y la interlocución con formadores de opinión; Texcoco, su base política y un bastión simbólico del proyecto que hoy gobierna el estado. Ahí se construye el relato, se ordena el mensaje y se intenta blindar políticamente una región donde la expectativa ciudadana es tan alta como la exigencia.

El escenario rumbo a 2027 muestra, por ahora, un Morena dominante pero no invulnerable. La oposición sigue debilitada en el oriente, pero el desgaste de los gobiernos locales, la persistencia de la inseguridad y la lentitud de algunos resultados podrían abrir grietas. En una zona donde el voto es menos ideológico y más pragmático, la gestión cotidiana pesa tanto como la marca partidista.

El oriente no solo define elecciones: define narrativas de poder. Ahí se decidirá si la Cuarta Transformación consolida su hegemonía en la entidad o si comienza un

proceso de erosión silenciosa. Por eso, cada visita, cada anuncio y cada cifra importan. Porque, en el Edomex, el camino a 2027 empieza, y se juega, en el oriente.

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